En un mundo que parece haber perdido la cordura, estas Navidades encontré la calma y un motivo para la esperanza en un poblado remoto de Kenia, gracias al proyecto solidario de una mallorquina, Bamba Project. Allí comprobé cómo la solidaridad, la cooperación y el compromiso pueden abrir caminos en un momento en el que la política internacional, más polarizada y volátil que nunca, se llena de retos y tensiones crecientes.