Araíz de este arrebato que ha tenido Donald Trump de volver a poner a trabajar a toda máquina la maltrecha industria del petróleo venezolano, hemos descubierto que nuestra tan española Repsol es, en realidad, propiedad de un montón de empresas extranjeras, casi todas ellas fondos buitre americanos. Es decir, de española no tiene nada.