El bar Cuatro Rosas es el motor de la vida nocturna en Torre Pacheco. Lo defienden las barricadas de madera que atraviesan la tasca; su aire irlandés, cálido y algo umbrío, es como encender la chimenea del hogar. Lo regenta Ángel Zapata, purasangre, de esos hosteleros a los que la noche no ha conseguido devorar. Creo que la clave es la correción con que se tratan, como dos boxeadores al inicio de un combate o dos perros que se ladran hasta que les sueltas la correa: no se muerden porque se respetan mutuamente.