A finales de agosto de 2025, el área quemada total en Europa rondó el millón de hectáreas, y más de la mitad (unas 541.000) se concentraron en apenas un 2% del territorio de la UE: el noroeste de la Península Ibérica. Ese pico coincidió con una ola de calor de 16 días y con el Fire weather index —índice de peligro de incendios— marcando «las condiciones mensuales más extremas» en cuarenta años. Un equipo internacional (con participación de la MBG en Galicia, entre otros centros), analizó por qué la meteorología fue necesaria, pero no suficiente. Para el investigador Ramón y Cajal, Dominic Royé, firmante del trabajo publicado en «Global Change Biology», el monte es como la salud pública, requiere una «inversión en prevención» para ahorrar a futuro.