Nunca le he visto mucho chiste a eso de ir tomando el café por la calle. Era cosa de las grandes ciudades, tipo Nueva York o Londres, la gente con prisa, con una vida estresante, aprovechando el trayecto a pie hacia el metro o el bus portando un café para llevar y dando sorbitos en los semáforos. Muy moderno. Muy incómodo. Sin asiento, sin interlocutor, sin bollo. Ahora también observo el fenómeno en mi ciudad. Desde hace mucho.