El nuevo año ha comenzado con una renovada esperanza para dos andaluces que permanecen en prisión provisional en Guinea Ecuatorial desde hace casi doce meses. Se trata de Javier Marañón y David Rodríguez, encarcelados desde enero de 2023. La apertura de vías de negociación entre las partes implicadas ha generado una prudente expectativa entre las familias, que confían en que el diálogo permita resolver una situación que el entorno califica de compleja y dolorosa. Javier Marañón trabajaba como administrativo desde hacía ocho años para un grupo de empresas establecido en el país africano. Según relata su hermano Aarón, ambos fueron detenidos cuando acudieron a una reunión "para dar explicaciones ante el gobierno o el fiscal". Eran los únicos españoles que se encontraban allí en ese momento. "A partir de ahí, bueno, pues ya le detuvieron, le retiraron el carnet, los teléfonos, el pasaporte, y ahí empezó el proceso", explica. El contacto con ellos ha sido prácticamente nulo. La familia solo pudo mantener una llamada telefónica el pasado 23 de diciembre, la única comunicación directa permitida en casi un año. Durante este tiempo, las visitas de familiares y de la embajada han sido "en contadas ocasiones, muy, muy escasas", lo que ha agravado el impacto psicológico de la detención. Aarón Marañón describe a su hermano como una persona "fuerte, con mucho aguante y paciencia", pero admite que el paso del tiempo y la convicción de estar viviendo una injusticia le han pasado factura. "Es un administrativo y su compañero, un técnico, no pueden tener la responsabilidad de ese problema que se está investigando", defiende. La situación, según sus palabras, le ha llevado a "hacer cosas desesperantes". Pese a todo, la noticia sobre los nuevos contactos entre la empresa y la fiscalía para "encontrar una solución" ha supuesto un impulso anímico para Javier. "En esta llamada que pudimos hacer el día 23, pues sí, le vimos más animado", confirma su hermano, aunque recalca que ha pasado momentos muy difíciles y su afectación psicológica "es grande". La familia valora enormemente el apoyo ciudadano, que se ha materializado en la recogida de 45.000 firmas para pedir la liberación. "Demuestran que la ciudadanía reconoce que es una situación que hay que respaldar y que no es justa", afirma Aarón. También agradecen el trabajo de la embajada española, que "se porta estupendamente", si bien su capacidad de actuación sobre el terreno es "muy, muy escasa". Sin embargo, se muestran muy críticos con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Según la familia, el ministerio se negó a una intervención diplomática de alto nivel, insistiendo en que la gestión debía seguir a través de la embajada. Esta postura ha generado una profunda decepción. Del mismo modo, denuncian la falta de respaldo del ministerio en la petición de amparo al Parlamento Europeo, que finalmente fue aprobada por unanimidad. Con la esperanza puesta en las negociaciones, la familia ya solo piensa en el reencuentro. Lo primero que harán, dice Aarón, será "ir a recogerlo donde sea, al aeropuerto que llegue, y abrazarlo". Después, tocará "ayudarle en todo lo que va a necesitar" para empezar de nuevo junto a su familia en España, dejando atrás una experiencia que demuestra, en sus palabras, cómo la vida "se te puede torcer en un momento dado".