Bianca Thoilliez, profesora, sobre la frase de Robles sobre las mujeres militares: "Si la paz es cosa de mujeres, ¿qué se supone que son entonces los hombres militares?"

La reciente declaración de la ministra de Defensa, Margarita Robles, durante la Pascua Militar —"Sin las mujeres no habrá paz ni convivencia en el mundo"— ha reabierto el debate sobre el rol femenino en la resolución de conflictos. En 'Herrera en COPE', Jorge Bustos ha analizado esta idea junto a Bianca Thoilliez, profesora de Teoría de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid, quien ha calificado estas afirmaciones como "bonitas, pero flojitas". Según Thoilliez, estas palabras "confunden una aspiración moral buena, vivir en paz, con la identidad biológica femenina". La experta considera que se cae en un esencialismo vinculado al sexo, una idea que, paradójicamente, "se supone es lo que el feminismo combatía". Se nos dice que no existen naturalezas masculinas y femeninas "hasta que interesa, claro, atribuir a las mujeres bondades innatas, y a los hombres, por cierto, las maldades". Para la profesora, esta visión supone una "contradicción lógica" que no resiste el menor análisis, ya que "el ser humano, hombre o mujer, me da igual, es capaz de lo mejor y de lo peor". En su opinión, no hay nada que predisponga esencialmente a las mujeres al bien y a los hombres al mal. De hecho, ha criticado la puesta en escena de la ministra, cuyo discurso "cargado de emotividad" contrastaba con el gesto "impecablemente institucional" de la Princesa de Asturias. Thoilliez advierte de que presentar a las mujeres como "seres de luz" es un "error doble". En primer lugar, porque al atribuirles una bondad innata, "se nos pone una situación de superioridad moral, se nos coloca también fuera del juicio crítico, y es una forma de eximirnos de responsabilidad y de infantilizarnos realmente". En segundo lugar, impide "comprender ciertas complejidades de la violencia". Como ejemplo, ha señalado el maltrato infantil, que según los datos es cometido mayoritariamente por mujeres, concretamente las madres. "El mal sigue la proximidad, la oportunidad y a los incentivos de ejercerlo, no al sexo", ha sentenciado la experta, explicando que la mayor presencia en el cuidado de los hijos da más oportunidades "de hacerlo muy bien, pero por esa misma proximidad, pues también terriblemente mal". La profesora ha citado a autoras como Helen Andrews para señalar que vivimos "una idealización de lo femenino que no es emancipadora, sino sentimental". Esta idealización, a su juicio, sirve para "no hablar del poder real" y para "blindar ciertos discursos frente a la crítica". Los estudios, según Thoilliez, demuestran que, aunque las mujeres muestren de media una mayor aversión al riesgo, estas diferencias "se reducen o desaparecen cuando las mujeres ocupamos cargos de poder". La conclusión es que el sexo "no determina las decisiones de guerra o paz" cuando se participa en el "monopolio de la violencia legítima". Lo decisivo son "las instituciones, los incentivos, los límites del poder". Como caso concreto ha mencionado a Delcy Rodríguez en Venezuela, una mujer en la cúspide del poder que "lo que hace es sostener una dictadura". Finalmente, Bianca Thoilliez ha afirmado que el poder "siempre puede corromper al gobernante, con independencia de su sexo". Y ha concluido con una reflexión contundente: "No somos ángeles, solo personas que, es verdad, hemos tenido históricamente menos oportunidades de mandar, pero de mandar bien, mal y regular". Confundir la presencia femenina con una garantía de paz, ha finalizado, "elude la discusión de fondo: limitar, controlar y hacer responsables a quienes ejercen el poder".