Tres motivos que explican el discreto papel de la Unión Europea en el agitado panorama actual

La Unión Europea (UE), concebida originalmente como un ambicioso proyecto de cooperación internacional para sanar las profundas cicatrices de las Grandes Guerras del siglo XX en el Viejo Continente, trata de mantenerse a flote en un agitado panorama. Sus cimientos, que durante décadas parecieron inquebrantables, muestran signos de tambalearse en un momento en que la vorágine de la política estadounidense, especialmente bajo la influencia del presidente Donald Trump, empapa cada rincón de la geopolítica global. Desde la compleja situación en Venezuela hasta las crecientes tensiones por el control del Ártico y el explícito apoyo a las protestas que, en estos días del arranque de 2026, hacen arder las calles de Irán, la hiperbólica y a menudo impredecible actitud de Washington pone aún más de manifiesto el discreto papel de los Veintisiete en el ámbito de la política internacional y las relaciones internacionales. Analistas internacionales coinciden en señalar que existen múltiples factores que explican por qué la voz de la UE no logra la relevancia esperada, incluso cuando la soberanía de territorios estratégicos como Groenlandia se debate en el tablero global.