Así protege la Comunidad Valenciana sus cultivos: un ejército de 200 millones de moscas estériles a la semana

Una bioplanta en Caudete de las Fuentes (Valencia), se ha convertido en una pieza clave para la supervivencia de los cultivos valencianos. Cada semana, produce alrededor de 200 millones de machos estériles de la mosca de la fruta para combatir una de las plagas más dañinas para el campo. Gracias a este método, pionero en Europa, se ha logrado reducir en torno a un 30% la fruta dañada. La Comunidad Valenciana ha invertido cerca de 10 millones de euros en esta estrategia. La mosca de la fruta o mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata), de origen africano, ya es una especie endémica en la cuenca mediterránea. El problema, según explica Vicente Dalmau, jefe del servicio de Sanidad Vegetal de la Conselleria de Agricultura, es que "la mosca pica la fruta e introduce un huevo y de este huevo se desarrolla una larva que se va comiendo el interior de la pulpa". Este daño hace que la fruta se pudra y no pueda comercializarse. Sin medidas de control, el impacto sería enorme, ya que "se ha estimado que hasta el 30% de la producción de fruta podría verse afectada". La Técnica del Insecto Estéril (TIE) surgió como alternativa a los tratamientos masivos con insecticidas que se usaban desde los años 60 y a los que la mosca se había vuelto resistente. Desarrollada junto a la Agencia Internacional de la Energía Atómica de la ONU y la FAO, la estrategia consiste en liberar una cantidad masiva de machos estériles que compiten con los silvestres. "Nuestro objetivo es conseguir cuantos más machos estériles en relación a los machos silvestres que existen en el campo para que la técnica sea más efectiva", señala Dalmau. De esta forma, las hembras que se cruzan con ellos ponen huevos que no son viables, reduciendo la población de la plaga. A diferencia de los plaguicidas, este método es totalmente ecológico y específico. La gran ventaja es que "no tiene efectos colaterales, no matas a las abejas, no estás contaminando las aguas, los consumidores no están cuando se comen la fruta comiendo residuos de los plaguicidas". El único inconveniente es que solo sirve para controlar esta plaga en concreto. El proceso de cría y selección es fascinante. Se utiliza una cepa especial de mosca, desarrollada en Austria, con dos características clave. Por un lado, las hembras son sensibles a la temperatura, por lo que al incubar los huevos a una temperatura elevada, estas mueren y solo sobreviven los machos. Por otro, las pupas el estado previo al insecto adulto tienen distinto color: "la pupa hembra es de color blanco y la pupa macho es de color marrón", lo que permite un control de calidad visual. Una vez se obtienen las pupas macho, estas se irradian con una dosis baja de radiación para esterilizarlas. Posteriormente, se trasladan a las instalaciones del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) para que evolucionen a moscas adultas. La fase final es la suelta en el campo, que se realiza mediante vuelos de avionetas equipadas con un sistema automático que libera los millones de insectos sobre los cultivos.