El despido es uno de los momentos más duros con los que puede enfrentarse un trabajador. La sorpresa, el miedo a quedarse sin ingresos y la presión del propio instante hacen que muchas personas tomen decisiones rápidas, casi automáticas, sin pararse a pensar en sus consecuencias. En ese contexto de desconocimiento y tensión, es habitual aceptar documentos, acuerdos o explicaciones sin analizarlos con calma, lo que puede acabar perjudicando seriamente al trabajador más adelante, tanto en lo económico como en la posibilidad de defender sus derechos.