Un agricultor de Ourense resume la protesta del campo: "No sabemos a qué nos enfrentamos"

Las movilizaciones de agricultores continúan en Ourense después de dos semanas. Los productores ourensanos empezaron a sacar sus tractores el 29 de diciembre. Frente a la subdelegación del Gobierno en la ciudad de las Burgas, Javier, un productor de patata con más de 40 años de experiencia, explica la situación que atraviesa el sector, donde asegura que "la gente está bastante enfadada por el trato que estamos recibiendo por parte de subdelegación". Javier describe el momento actual como uno de los más difíciles de su carrera, pero no por las malas cosechas, a las que está acostumbrado. El gran problema, asegura, es la incertidumbre. "No sabemos a qué nos enfrentamos", lamenta el agricultor. Para Javier, la diferencia con otras crisis es que ahora no se puede buscar una solución porque desconocen el problema real: "Cuando tú no sabes a lo que te enfrentas, no puedes buscar una solución. Nadie nos lo explica". A esta preocupación se suma el agotamiento tras muchos días de protesta, aunque afirma que van a continuar. "Estamos cansados, pero vamos a seguir", confirma. El agricultor se muestra muy crítico con la postura del Gobierno de España respecto a Mercosur, afirmando que "lo primero que debes hacer es posicionarte, no en el lado equivocado de la historia". Critica que el Ejecutivo lo presente como algo positivo sin haber consultado al sector primario. Protestan contra el acuerdo comercial que la Unión Europea firmará con los países de Mercosur: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Un acuerdo que elimina los aranceles y que, según denuncian, supone una estocada para la agricultura familiar y para el campo. Temen no poder competir en igualdad de condiciones. Es decir, que entre producto sin las exigencias que a ellos sí les marca Bruselas. Pero el problema, según Javier, es anterior al tratado. Denuncia que ya "nos están machacando vivos" con la entrada de productos como "patatas de Egipto" o "tomates de Marruecos", que compiten con "reglas diferentes" y sin los mismos estándares que se aplican a los productores locales. Esta situación le hace ser muy pesimista sobre el futuro del campo y el relevo generacional. Aunque tiene hijos a los que les gusta la profesión, no ve viable que puedan seguir sus pasos. "No creo que los jóvenes puedan dedicarse a esto como medio de vida", sentencia, añadiendo que "cuando no llega dinero a final de mes al bolsillo, empieza a haber un problema".