El campo de Castilla la Mancha vuelve a la calle. Las principales asociaciones agrarias de la región, Asaja y Upa, han convocado movilizaciones para el próximo jueves 29 de enero. Bajo el lema “mentiras no, soluciones sí”, una gran manifestación tiene previsto colapsar Toledo, la capital regional, con varias columnas de tractores para visibilizar la complicada situación que atraviesa un sector que aporta casi el 9% del PIB regional y genera 300.000 empleos. Uno de los problemas más graves es el envejecimiento del campo, donde solo el 8% de los trabajadores tiene menos de 40 años. Alberto Chamorro, agricultor de Majaelrayo, Guadalajara, explica que la falta de rentabilidad disuade a los jóvenes. “Cuando es un sector que, primero, es muy duro, y segundo, estamos viendo que económicamente no es rentable, pues nadie llega a ese sector”, lamenta. Esta situación provoca que no haya relevo generacional. Chamorro advierte que la media de edad de los ganaderos en su comarca ronda los 60 años. “Desde el momento que esa persona ya tiene otra jubilación, automáticamente no es relevo, y estas explotaciones no las va a coger más nadie y se van a acabar”, sentencia. La falta de rentabilidad es una queja compartida. Desde un olivar en Guadamur, Toledo, David Alonso, un “agricultor de los que pisan tierra y no moqueta”, asegura con rotundidad que los números no cuadran. “El aceite a estos precios no sale, no salen las cuentas por ningún lado”, afirma. Detalla el trabajo de todo un año para que al final el producto “te lo pagan como si no valiera nada”. La misma incertidumbre se vive en la ganadería. En Zarzuela, Cuenca, César, que se dedica a las ovejas, no ve un futuro claro y anticipa un panorama desolador. “Nos vamos a ver muy, muy afectados, el sector primario va a salir aquí muy, muy tocado”, advierte. Sus expectativas, como las de muchos, “no son nada buenas, nada buenas”. A la crisis de precios y al problema demográfico se suman la excesiva burocracia y los acuerdos internacionales que frustran al sector, como el de Mercosur. Rubén, de Madridejos, critica que la “administración está apretando por muchas partes” y avisa de que el impacto llegará también al consumidor: “el traerte un producto del sur de América no es gratis” y la cesta de la compra ya se ha encarecido.