El director general de Tráfico, Pere Navarro, ha lanzado una advertencia clara sobre el futuro de la movilidad en los núcleos urbanos. Durante una intervención reciente, Navarro ha señalado que el debate sobre las emisiones está desviando la atención del problema fundamental: el espacio. A su juicio, la discusión no debería centrarse en qué tipo de motorización accede a las ciudades, sino en si el coche privado debe seguir siendo el protagonista. Navarro ha sido tajante al desmontar la idea de que los vehículos eléctricos son la panacea para la congestión urbana. "A veces, me da la impresión de que tendríamos que centrarnos", ha afirmado, criticando el enfoque actual en las ventajas para los coches de bajas emisiones. Según el director de la DGT, el objetivo debe ser reducir el número de vehículos, no sustituirlos. "Al centro de la ciudad no vas a ir con eléctrico, ni con diésel ni con gasolina, no nos equivoquemos", ha sentenciado. La alternativa que propone es un modelo basado exclusivamente en el transporte colectivo. "Vas a ir con transporte público, y si tienes prisa, tienes la alternativa del taxi, del Uber, del Cabify y de lo que sea", ha explicado. De esta forma, se libera el espacio que actualmente ocupan los coches particulares, independientemente de su tecnología, abordando de raíz el que considera "el tema central". El responsable de Tráfico también ha puesto el foco en la eficiencia de los desplazamientos y las oportunidades que ofrece el coche compartido. Para ilustrarlo, ha recurrido a una imagen muy gráfica: las colas de los aeropuertos. "Cuando en el aeropuerto tú sales, vas a buscar tu taxi, ves aquella cola inmensa y piensas, es posible que el que está delante o detrás mío vaya a donde yo voy o al lado", ha reflexionado en voz alta. Esta situación, en la que "cada uno tiene que coger su taxi específico", representa para Navarro un claro "terreno de mejora". En este contexto, ha valorado positivamente el papel de plataformas como Uber, con cuyo modelo se siente "muy cómodo". La visión de futuro pasa, por tanto, por potenciar un sistema en el que los vehículos se compartan para optimizar cada trayecto y reducir drásticamente la cantidad de coches que circulan por las calles.