WhatsApp es una de las aplicaciones más usadas en España, pero también una de las más explotadas por los ciberdelincuentes. Precisamente por esa popularidad, cualquier pequeño ajuste de seguridad que pase desapercibido puede convertirse en una puerta de entrada para estafas, virus o robos de datos. Uno de los puntos más críticos —y menos conocidos— es la descarga automática de archivos, una función que viene activada por defecto en muchos móviles, pero que tal vez debamos desactivar cuanto antes. La descarga automática hace exactamente lo que su nombre indica: fotos, vídeos, audios o documentos que recibes por WhatsApp se descargan y guardan en tu teléfono sin que tú hagas nada. A primera vista parece cómodo, pero el problema es que elimina una barrera clave de seguridad: la decisión consciente del usuario. En la práctica, esto significa que cualquier archivo que te envíen, incluso desde un número desconocido o un contacto comprometido, puede acabar almacenado en tu dispositivo sin que lo sepas. Los ciberdelincuentes aprovechan esta función para colar archivos maliciosos camuflados como imágenes, vídeos o documentos aparentemente inofensivos. En muchos casos, el usuario ni siquiera abre el archivo: basta con que se descargue para que pueda interactuar con otras aplicaciones del sistema, la galería o el gestor de archivos. Si el móvil tiene alguna vulnerabilidad sin parchear, ese simple archivo puede convertirse en la puerta de entrada para malware, spyware o troyanos bancarios. Además, si el mensaje proviene de un contacto conocido, la desconfianza baja aún más, cuando en realidad ese contacto puede haber sido hackeado previamente Desactivar esta función es sencillo y supone una mejora inmediata en la seguridad. Basta con entrar en WhatsApp > Ajustes > Almacenamiento y datos > Descarga automática de archivos y configurar fotos, vídeos y documentos para que no se descarguen automáticamente o solo lo hagan bajo ciertas condiciones. A partir de ese momento, cada archivo requerirá una acción manual, lo que te da margen para pensar si el contenido es fiable antes de guardarlo en tu teléfono. Pero esta medida, aunque importante, no es suficiente por sí sola. También deberíamos complementarla con otras prácticas básicas de seguridad: activar la verificación en dos pasos en WhatsApp, mantener el sistema operativo del móvil siempre actualizado, desconfiar de mensajes alarmistas o inesperados y no abrir enlaces o archivos de origen dudoso, aunque parezcan venir de una empresa conocida o de un contacto habitual. De igual manera, es clave usar contraseñas únicas y robustas para evitar que una filtración afecte a varios servicios a la vez. Si bien no es la panacea contra la ciberdelincuencia, es una medida preventiva sencilla frente a un tipo de estafas cada vez más sofisticadas. En un entorno donde los ataques digitales se apoyan en la rapidez y la automatización, recuperar el control sobre lo que entra en tu teléfono puede marcar la diferencia entre un susto y un problema serio.