El acuerdo que la Unión Europea planea poner en marcha con los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) ha generado una notable preocupación en el sector agrícola español. Aunque, según Alfonso Zamora, gerente de ECOHAL, no se espera un impacto directo en los productos de la costa tropical española, el tratado sí evidencia un problema de fondo que afecta a todo el campo: la competencia desleal. El verdadero riesgo de Mercosur, al igual que ocurre con otros acuerdos comerciales como el de la UE con Marruecos, es que "no se establece una competencia desleal entre productores porque no se establecen las mismas condiciones de producción en todo sitio", según explica Zamora. Esta desigualdad permite que productos de terceros países entren en el mercado europeo con ventajas competitivas. Un ejemplo claro se encuentra en el uso de plaguicidas. Mientras en España hay materias activas cuyo uso está prohibido, estas sí pueden emplearse en países como Marruecos para salvar una cosecha. Aunque al entrar en Europa no se detecten rastros del pesticida, el productor marroquí ha podido sacar adelante su producción en condiciones que para un agricultor español supondrían la pérdida de la cosecha. Esta situación provoca la sensación de que el sector primario es "la moneda de cambio para otros sectores". Alfonso Zamora lamenta que "Europa hace tiempo que entregó la alimentación y la agricultura como moneda de cambio para vender automóviles o vender otro tipo de bienes de equipo". Esta política, asegura, supone "pegarnos un tiro en el pie y cargarnos la soberanía alimentaria europea". El experto advierte que la creciente dependencia de terceros para el abastecimiento de alimentos supone "un riesgo muy importante", como demostró la pandemia con el cierre de fronteras. Además, surgen dudas sobre cómo se gestionará la entrada de productos como la soja transgénica de Brasil, cuando en Europa los transgénicos están prohibidos. Ante la falta de apoyo político, Zamora subraya que la solución está en manos de la ciudadanía. "Tiene que ser los consumidores, los ciudadanos, los que digamos hasta aquí hemos llegado y apoyar la producción nacional", afirma. Pone como ejemplo al consumidor francés, que prioriza el producto local aunque sea más caro, a diferencia del español, que a menudo se guía solo por el precio. Por ello, se hace un llamamiento a mirar las etiquetas y elegir conscientemente productos españoles. Aunque cultivos como el aguacate o el mango de la costa granadina no se vean directamente afectados por Mercosur, ya que sus principales competidores son otros orígenes como Perú, el apoyo al producto nacional es fundamental para la supervivencia de todo el sector.