Lo bueno de la actualidad geopolítica es que cualquier madre de un niño de seis años puede discurrir una teoría tan buena como la de un politólogo sin alejarse de la piscina de bolas. A saber: Donald Trump no ha contado con María Corina Machado para la transición en Venezuela porque a ella le dieron el Nobel de la Paz que él quería para sí, igual si ahora ella se lo lleva como una ofrenda de paz, además del petróleo… vuelven a ser amigos y él la invita a su fiesta. Cuidado pues, con el país de origen del próximo activista que quieran glorificar en Oslo, que le puede caer el misil de un rencoroso. Lo malo de la actualidad interna en los Estados Unidos es que cualquier madre de un niño de seis años puede ser tiroteada a bocajarro por energúmenos a sueldo de la principal autoridad del país cuando vuelve de dejar en el cole al crío. Le acaba de ocurrir a Renee Good, de 37 años, en Minneapolis. Uno de los agentes antiinmigración desplegados para cazar personas sin papeles se sintió amenazado por su coche, que maniobraba en el hielo a diez por hora, y la acribilló. Ella, licenciada en lengua inglesa y viuda de un veterano de guerra, pertenecía a un grupo ciudadano preocupado por los derechos humanos que vigila las redadas contra los migrantes y tenía otros dos hijos de un primer matrimonio. Su asesino es un cristiano practicante casado con una filipina, incongruente pero cierto. Él y sus compañeros impidieron que un médico auxiliase a Good tras descerrajarle los tres tiros. Sus jefes al más alto nivel han disculpado y protegido a los chicos: estaban estresados y temían por su vida.