A pesar de los desvelos de las grandes tecnológicas, y de sus crecientes inversiones millonarias, las herramientas de inteligencia artificial generativa siguen fallando en sus respuestas más que una escopeta de feria. Si abre ChatGPT y le pregunta quien es el presidente de Estados Unidos, es bastante probable que la máquina le diga que ese cargo todavía lo tiene Joe Biden; y si se le aprieta un poco, preguntándole cosas sobre las que no sabe nada o que ni siquiera tienen sentido, es muy fácil que el robot comience a desbarrar y a compartir datos imposibles. Y estos casos ocurren cuando las compañías, teóricamente, han dedicado muchos esfuerzos a limitar los fallos al mínimo. Pero, ¿qué pasaría si, de forma... Ver Más