Presencialismo laboral: el fenómeno que también afecta trabajadores y empresas en Cataluña

En un momento en que se habla mucho de absentismo laboral, merece la pena recordar otro concepto también presente en las empresas catalanas : el presencialismo en el trabajo. Esto, quiere decir, por ejemplo, ir a trabajar a pesar de estar  enfermo ,sería aquello de “no puedo coger la baja”, pero también incluye el llamado síndrome del trabajador presente, pero ausente, que es cuando el empleado se encuentra a su puesto de trabajo, pero no desarrolla las tareas que le corresponden. Según la Encuesta de calidad y condiciones de trabajo de la Generalitat 2025, de entre los trabajadores que declaran haber enfermado el último año, más de la mitad ,el 51,3%, aseguran haber ido a trabajar igualmente como mínimo una vez. El estudio también revela que el presencialismo tiene más incidencia entre las mujeres que entre los hombres. Y si se mira el nivel formativo, pasa más en los colectivos con estudios menos cualificados. Por sectores, la educación, la hostelería, la agricultura, las actividades sanitarias y servicios sociales concentran la mayoría de casos. También se observa que el fenómeno coge especial relevancia en lugares de trabajo considerados “extremadamente exigentes”, en que el dato sube al 86,7%. Según el Observatorio, algunos estudios apuntan que el presencialismo podría tener más costes que las ausencias laborales. Por un lado, en términos de la salud de las personas que están enfermas, pero también de las que trabajan con ellas, por el riesgo de contagio. Y esto, además del descenso en la productividad, porque el trabajador no se encuentra bien, y la carga que acaba suponiendo para el sistema de salud. Ahora bien, la definición de presencialismo va más allá de ir a trabajar estando enfermo. Según  Optimot, se trata de la “presencia de un trabajador en su puesto de trabajo, en horas de trabajo o fuera del horario laboral, sin repercusión positiva en la productividad“. Y, en este sentido, añade una nota en que matiza que cuando el trabajador hace más horas de las que le tocan porque alarga la jornada, trabaja enfermo o se encuentra en cualquier situación en que tiene derecho a no hacerlo, “suele estar motivado por el miedo de perder el trabajo“. Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, apunta: “Esto puede pasar por falta de ética del trabajo, cuando el trabajador se escabulle de sus tareas, pero también cuando la dirección valora más las horas de presencia que la cantidad y calidad del trabajo realizado”. Explica que, en estos casos, el empleado se convierte en un “trabajador presente pero desconectado, mentalmente ausente”. Rimbau también señala como posibles causas la inseguridad del puesto de trabajo, el hecho de tener un contrato temporal que no se sabe si se renovará, etc. Y lo argumenta diciendo: “Si un trabajador está viviendo una situación de este tipo, puede tener miedo de plegar antes de que sus compañeros o jefes por temor a un despido, es el que alarga innecesariamente su jornada de trabajo”.