La financiación autonómica lleva años atrapada en un debate que revela una dependencia asimétrica de casi todas las comunidades autónomas de las rentas de Madrid y Cataluña. Andalucía, Valencia, Extremadura o las dos Castillas, grandes receptoras del Fondo de Solidaridad Intercomunitaria, dependen de aportaciones netas ajenas para sostener el 70% de su gasto. Es objetivamente cierto que sin Madrid el sistema colapsaría.