La demencia

Toda nuestra vida, todos nuestros recuerdos y la solidez de las rutinas, todo cuanto nos rodea, todo cuanto amamos, todo cuanto puede añorarse... Todo pierde su color un buen día —un mal día—, todo comienza a desvanecerse gradualmente un horrible día. Tan gradualmente que es difícil observar el cambio exacto y la naturaleza de su perversa mutación. Tan despacio, tan sutil, tan minuciosa la irreversible metamorfosis en su perseverancia, que es prácticamente imposible percibir las diferentes tonalidades de su transformación. Todos los detalles que forman nuestra existencia, que son cientos, que son miles, que dan sentido a la realidad, que constituyen los ángulos y el grosor de los objetos habituales, de las frecuentes costumbres a que apaciblemente nos abandonamos, todo cuanto nos convierte en lo que somos, en lo que hasta hoy habíamos sido. Todo empieza a diluirse como por arte de espantosa magia.