El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este martes que mantiene una relación «muy buena» con Delcy Rodríguez, a quien ha descrito como «una persona fantástica» tras mantener una «gran conversación» telefónica con ella sobre la situación de Venezuela. Las declaraciones del presidente se han producido al ser preguntado por Diosdado Cabello, número dos de facto del poder en Caracas. Sin embargo, Trump ha evitado responder directamente y ha redirigido el foco hacia Rodríguez, asegurando que el contacto está siendo gestionado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y que Estados Unidos se está «llevando muy bien con Venezuela». Estas palabras suponen un gesto político significativo hacia Delcy Rodríguez, a quien la administración estadounidense ha señalado en las últimas semanas como una pieza central para la interlocución. Este nuevo escenario se abre tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio de una fase de transición todavía incierta en Venezuela. Al ser interpelado por la supuesta resistencia de Cabello a cooperar, la preferencia de Trump por elogiar a Rodríguez se interpreta en Washington como una señal clara sobre quién es el interlocutor prioritario para la Casa Blanca en estos momentos. En sus declaraciones, Trump ha añadido que Venezuela «acaba de entregarnos 15 millones de barriles», aunque no ha precisado el marco comercial o político de la operación. La referencia refuerza la idea de que el petróleo sigue siendo un eje central de la relación bilateral en esta nueva etapa. Las declaraciones llegan mientras el Gobierno estadounidense mantiene abiertas varias vías en paralelo: contactos con el poder interino, presión desde el Congreso y un respaldo visible a la oposición democrática, que incluye la inminente visita de María Corina Machado a la Casa Blanca este jueves. La compleja situación del país ha inspirado incluso fenómenos culturales como la canción de un influencer que se ha convertido en himno. Dentro de este delicado equilibrio, el elogio público a Delcy Rodríguez apunta a una estrategia pragmática de la administración Trump, centrada en asegurar el control y la estabilidad mientras se redefine el futuro político del país, una táctica que recuerda a otros sonados logros negociadores del magnate.