España desarrolla una herramienta pionera para anticipar la propagación de incendios

Los incendios forestales se han convertido en una de las mayores amenazas ambientales, económicas y sociales, agravados por el cambio climático, el abandono rural y episodios meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. En este contexto, anticiparse al fuego ya no es solo una ventaja tecnológica, sino una necesidad urgente. Con este objetivo nace SALUS, un nuevo simulador de propagación de incendios forestales desarrollado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) junto con la empresa de helicópteros Helipistas, la compañía de gestión de riesgos Mitiga Solutions y el Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). El proyecto representa un salto cualitativo en la forma de entender y predecir el comportamiento del fuego. Frente a los modelos tradicionales, que en muchos casos resultan lentos, poco precisos o inestables, el nuevo simulador introduce una arquitectura innovadora que permite realizar predicciones casi en tiempo real, con mayor resolución y fiabilidad. Su objetivo es claro: mejorar la capacidad de predicción, alerta temprana y gestión del riesgo de incendios en España, proporcionando información clave para la toma de decisiones cuando cada minuto cuenta. El núcleo del proyecto SALUS lo ha desarrollado el grupo de investigación High Performance Computing Applications for Science and Engineering (HPCA4SE) de la UAB, integrado en el Departamento de Arquitectura de Computadores y Sistemas Operativos. El equipo está formado por las investigadoras Ana Cortés, Irene González Fernández y Paula Sánchez Gayet, y los investigadores Carlos Carrillo y Tomás Margalef, especialistas en computación de altas prestaciones aplicada a problemas complejos del mundo real. La principal innovación del simulador reside en la forma de representar el avance del incendio. Mientras que muchos modelos clásicos utilizan una aproximación elíptica para describir el perímetro del fuego —una simplificación que no siempre se ajusta a la realidad—, el nuevo sistema emplea una nube de puntos. Cada punto representa un fragmento del frente del incendio y evoluciona de forma independiente en función de múltiples variables, como el viento, la pendiente del terreno, el tipo de vegetación o la humedad ambiental. Este enfoque permite capturar con mucha mayor precisión las irregularidades del fuego, que rara vez avanza de manera uniforme. Barrancos, cambios bruscos de viento o discontinuidades en la vegetación pueden alterar drásticamente su comportamiento. Gracias a esta técnica, el simulador es capaz de ofrecer resultados rápidos, estables y de alta resolución, algo fundamental para su uso operativo en situaciones de emergencia. «A diferencia de los simuladores clásicos, nuestro prototipo tiene la ventaja de que siempre llega a un resultado», explica Ana Cortés, investigadora de la UAB. «Resolvemos así problemas habituales de otros sistemas, que pueden no terminar correctamente la simulación o incluso entrar en bucles infinitos». Esta garantía de finalización es clave cuando las predicciones deben estar disponibles en minutos y no en horas. El proyecto SALUS se enmarca en una convocatoria de proyectos de colaboración financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Desde su concepción, se ha planteado como una iniciativa híbrida, en la que la investigación académica se combina con el conocimiento práctico de empresas y centros tecnológicos. Mitiga Solutions, una spin-off del BSC especializada en análisis de riesgos climáticos y naturales, ha sido una de las piezas clave. Su experiencia en el uso de datos masivos y modelos probabilísticos ha permitido transformar las simulaciones del fuego en mapas de riesgo comprensibles y accionables para distintos actores, desde servicios de emergencia hasta aseguradoras. Por su parte, Helipistas ha aportado la dimensión operativa sobre el terreno. La empresa ha equipado sus helicópteros con sensores LiDAR, cámaras ópticas y cámaras térmicas capaces de capturar información detallada del perímetro del incendio y del estado de la vegetación casi en tiempo real. Estos datos, combinados con información meteorológica y mapas de vegetación actualizados automáticamente mediante datos abiertos y técnicas de inteligencia artificial, alimentan el simulador y mejoran notablemente la calidad de las predicciones. El Barcelona Supercomputing Center, uno de los referentes europeos en computación de altas prestaciones, ha sido el encargado de integrar el simulador dentro de un sistema de alerta temprana más amplio. Este sistema puede activarse automáticamente a partir de distintas fuentes: avisos de ciudadanos a través de aplicaciones móviles, detección de anomalías térmicas por satélite o información captada desde helicópteros en operaciones rutinarias. Una vez detectado un posible incendio, el sistema SALUS no se limita a generar una única predicción. Al contrario, ejecuta cientos de simulaciones en paralelo, cada una de ellas representando un posible escenario de propagación en función de pequeñas variaciones en las condiciones iniciales. El resultado es un mapa de probabilidades que muestra no solo por dónde podría avanzar el fuego, sino también con qué grado de certeza. Estos resultados se visualizan mediante un visor web desarrollado por el BSC, pensado específicamente para facilitar la toma de decisiones en situaciones de crisis. Los gestores de emergencias pueden explorar la evolución del incendio en el espacio y en el tiempo, identificar las zonas más amenazadas y priorizar la protección de infraestructuras críticas como carreteras, líneas eléctricas, edificios o redes ferroviarias. «Este visualizador permite identificar dónde, cuándo y qué tipo de infraestructura podría verse afectada», explica Jonas von Ruette, investigador del grupo Natural Hazards and Risk Analysis del BSC. La claridad visual y la capacidad de interactuar con los datos son fundamentales para convertir la información científica en decisiones operativas sobre el terreno. Aunque el apoyo a las labores de extinción es uno de los principales objetivos del simulador, sus aplicaciones van mucho más allá. La capacidad de evaluar daños potenciales sobre infraestructuras y activos abre la puerta a una mejor planificación territorial y a estrategias de prevención más eficaces. En este ámbito, Mitiga Solutions ha dado un paso más al utilizar los resultados de las simulaciones para desarrollar un nuevo esquema de seguro paramétrico para activos forestales. A diferencia de los seguros tradicionales, que requieren la evaluación in situ de los daños por parte de peritos, los seguros paramétricos se basan en índices objetivos, como el área quemada o la intensidad del incendio. Gracias a los mapas de probabilidad generados por SALUS, las indemnizaciones pueden activarse automáticamente cuando se superan determinados umbrales, agilizando la respuesta económica frente a los grandes incendios forestales. Este enfoque resulta especialmente interesante en un contexto de aumento de eventos extremos, donde los sistemas de seguros convencionales empiezan a mostrar sus límites. El equipo investigador se encuentra ahora en las últimas fases de publicación y licencia de su trabajo. Una vez completado este proceso, el código del simulador se pondrá en abierto, permitiendo que investigadores, administraciones y empresas de todo el mundo puedan acceder a la herramienta, adaptarla a otros territorios y contribuir a su mejora. Esta apuesta por la ciencia abierta refuerza la dimensión social del proyecto. Los incendios forestales no entienden de fronteras, y las soluciones tecnológicas desarrolladas en España pueden ser útiles en otros países del Mediterráneo y del mundo, donde los efectos del cambio climático ya están intensificando la frecuencia y gravedad de estos eventos. SALUS —Wildfire Risk Solutions for Spain— no es solo un avance tecnológico, sino un ejemplo de cómo la colaboración entre universidad, empresa y centros de supercomputación puede dar lugar a herramientas concretas para afrontar uno de los grandes retos de nuestro tiempo. En un escenario en el que el fuego avanza cada vez más rápido, contar con un simulador capaz de adelantarse a sus movimientos puede marcar la diferencia entre el desastre y la contención.