Me está costando estos días decir «feliz año» por la calle sin parecer que lo hago con retintín. Lo primero que hago cuando lo digo (en Mallorca es lícito desear feliz año nuevo hasta pasado San Sebastià) es mirar a quien se lo digo para tratar de aclarar si se lo toma o no a pitorreo. Que este año haya empezado colgado de la última semana del anterior (el día 1 fue jueves) ya daba pie a imaginar que algo así podía ocurrir.