Tengo una radio en la cocina y otra en el baño. Rara vez salgo de casa por las mañanas sin haber escuchado algún boletín informativo. Es una rutina que adquirí de adolescente. No pongo la radio en el móvil, que sería mucho más cómodo. Pero ahora que los jóvenes vuelven a comprar radiocassetes y a sacar los MP3 y los iPods de los cajones, mi radio no me hace sentir tan de la vieja escuela. Los jóvenes han vuelto a aparatos para escuchar música con los que solo se puede escuchar música. Y la razón es simple: no tener interferencias, no ser interrumpidos con notificaciones o Whatsapps del móvil y no tener la tentación de abrir TikTok por enésima vez.