Musk, Bezos, Zuckerberg y tantos otros nombres, funcionan como mitologías portátiles. Ya no creemos en dioses clásicos, pero seguimos necesitando creer. Les pedimos que nos lleven a Marte, que nos conecten en medio del desierto y que, de paso, le den algún sentido a esta época desarmada. Nos ordenan el mundo y los aceptamos.