Resuenan los mismos adoquines de la Ciudad Imperial que, en su día, pisó un gran literato sevillano. «Estamos en la Plaza de Santo Domingo el Real, aunque es más conocida como la Plaza de Bécquer porque le encantaba. Se dice que inspiró algunas de sus leyendas». Eduardo Garrigues , todo un diplomático bregado como embajador, señala la placa en honor al escritor mientras abre el portón de un caserío que transpira historia. Dos plantas, patio de luces... ¡y una biblioteca con 7.000 ejemplares que estremecería a don Gustavo Adolfo ! Nos encontramos en su casa, uno de los pulmones del Capítulo de Toledo , la asociación que preside y que se dedica a divulgar el legado español en Norteamérica. Aquí... Ver Más