En la mente de Trump

El mundo se desquicia por todos los costados. El mundo de Donald Trump. Una ciénaga de fanatismo como preludio de destrucción. Mientras las democracias claudican, por impotencia (Europa) o por cínico realismo (Estados Unidos), vivimos días impensables, incomprensibles para una mente normal, perfectos para la pesadilla más irreal. Días en los que personajes de opereta interpretan la tragedia de la humanidad, como profetizó Karl Kraus en los años veinte del siglo pasado. Como entonces, el lenguaje político se torna cruel, el odio lo contamina todo, emborrona la mirada y anula la compasión. La prensa —la desfachatez de los periodistas a sueldo— justifica el sufrimiento extendiendo la ceguera social. Y en las redes sociales se perfecciona minuto a minuto el delirio colectivo. Sin culpa, sin remordimientos, sin épica, sin héroes. Porque todo es fugaz y banal en el corazón de las tinieblas.