Si la patria fuesen personas

La realidad está ahí, para ser cuestionada siempre. En este caso nos referimos a la patria. Esa realidad debe ser irreal pues cada cual la mira de una forma distinta; la siente, a veces sin sentido. Sentido se me confunde con sentimiento . Sentimiento adobado a base de sensaciones y percepciones. Prioritariamente sobre las personas: sus actos o padecimientos. Personalmente, una noticia se me hace patria común si lleva consigo el sufrimiento de otros. Esos a quienes nunca conoceré, porque quién sabe si sus amarguras fueron provocadas por quienes defienden la patria, sus patrias. Esos que al mismo tiempo echarían fuera a todos de fuera; pensarán que no son personas ni patriotas. Tienen en sus caras alguna irregularidad, ya sea en el color de la piel o en sus tocados. En España son ya 9,3 millones de personas, de un total de 49.1 millones de residentes. Demasiada gente tiene la impresión de que esos habitantes son los que no hacen patria. No nacieron en nuestra tierra y vinieron de tapadillo. Algunos patriotas que venden política los acusan de haber pervertido la originaria patria. Esa que viene desde el siglo en el que los no patriotas profesaban raras religiones. Fueron expulsados por unos reyes ultracatólicos, ¡vaya paradoja! Eso sí, en defensa de la fe, que es la que construye ciudadanía y hace patria . Por la gracia de Dios, rezaban aquí las monedas antiguas. Ahora hay algún partido político que predica la pureza de nacimiento. Pero según datos de hace unos días viven en España menos irregulares pero se mantiene el mismo discurso racista de los patriotas. Esos defensores de la patria secular quieren su parte de gobernanza en la actual. Son elegidos por los patriotas que nunca se molestaron en hacer patria compartida. Esta se construye ahora con los restos de ciudadanía. Se añora la España imperial, hecha con pedazos de territorios, algunos no patriotas. Esos inmigrantes que en 59 pueblos de Aragón (del total de 731) suponen más de la cuarta parte de su población censada. Ciudadanos sin patria que aportan mucho a la ciudadanía de cercanía; y pagan sus impuestos. A ver si va a ser verdad aquello de que “la patria es una unidad de destino en lo universal”, convertida ahora en un ruido sin sosiego. ¡Cómo van a hacer patria quienes vinieron de fuera, en busca de una vida mejor! Hay que expatriarlos o repatriarlos, que nunca sé delimitarlo bien. ¿O acaso son apátridas? ¡Lo que estamos aprendiendo del señor Trump! La España de los patriotas auténticos necesitaría alguna nueva canción de Cecilia. Mientras llega escuchemos Mi querida España . Quizás muchos de los foráneos entonen aquello de: pueblo de palabra y de piel amarga , dulce tu promesa; quiero ser tu tierra, quiero ser tu hierba cuando yo me muera . Esta España nuestra, de las personas. _____________________ Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.