Cáceres tuvo durante siglos una geografía espiritual hecha de pequeñas ermitas que marcaban los caminos de entrada y salida de la ciudad. Algunas han llegado hasta hoy y otras sobreviven apenas como un nombre en un barrio, una calle o un resto de piedra. En esa red de “ermitas camineras”, situadas en los accesos a las villas y al casco urbano, se inscribía también la de los Santos Mártires, una construcción histórica cuyo primer rastro documental se remonta al siglo XV.