Lo rescató del jardín de su casa con un pesado collar que delataba su triste pasado: “No me dio mala suerte, sino una lección de humildad”
La familia de Gastón se había acostumbrado tanto a que el gatofuera todos los días a su casa, que lo convencieron para adoptarlo; enseguida recuperó el peso y mejoró el pelaje, y se convirtió en uno más