En 2031, si la candidatura prospera, en alguna oficina de turismo de Alemania, Polonia o Finlandia alguien podría preguntar: «¿Y por qué este año toca Cáceres como Capital Europea de la Cultura?». Esa pregunta aún pertenece al futuro, y ahí está el interés: una candidatura obliga a convertir una intuición local en un relato europeo con método, compromisos y proyección.