A Montero los barones le arrugan la nariz

Ya podía María Jesús Montero haber atesorado la oratoria de Demóstenes, que el Consejo de Política Fiscal y Financiera de ayer no habría variado un ápice. Para convencer hace falta que te escuchen y los presidentes autonómicos no iban ayer a eso. Lo que tocaba era escenificar rechazo, indignación y alarmar en lo posible a sus votantes para ser sus paladines imprescindibles. En ese papel se gustan los barones del PP y dotarse de los medios que se acompañen de un mayor examen de eficiencia en la gestión es un inconveniente que tampoco parece convencer a García-Page.