Antonio Agredano y esos torneos curiosos: "Deberían darnos un trofeo cada vez que hemos llegado los últimos"

Una carrera de obstáculos con disfraces, un torneo de tiro al plato con huevos, un campeonato de esgrima con espadas láser o un concurso de feos... son muchos los campeonatos curiosos en los que han tomado parte nuestros Fósforos y a los que Antonio Agredano pone voz y letra. Ganar es de horteras. El fracaso, sin embargo, tiene pinceladas luminosas. Colores llamativos. Es como la cola de un pavo real la derrota. Majestuosa y terrible. Para ganar vale cualquiera, pero para perder hay que tener talento. Magullado y vencido debes levantarte, felicitar al que celebra, mirar a los ojos a los que decepcionaste. Sacudirte el polvo. Y pensar en la venganza. La victoria es un mar en calma donde uno bracea despreocupado. Pero la derrota es una tormenta. El mástil roto. La lluvia cegadora. El vértigo a desaparecer entre la espuma. A no haber estado a la altura. Los errores pesan. Son de plomo en la conciencia. Y a la noche, cuando por fin te vas a la cama dolorido, sientes que todo gira en tu cabeza. Imaginas otro final en el que eres tú quien alza los brazos. Cuesta dormir. Porque sólo descansan los héroes y tú no eres uno de ellos. Pero la vida, en realidad, está llena de perdedores insomnes. Somos los que movemos el mundo. Los que nos equivocamos. Los que seguimos, pese a todo. Los que llevamos betadine hasta en el alma. Nuestras batallas son cotidianas. No hay luz en nuestros estadios. Nadie nos recibe con bengalas. Pero cada mañana, nos jugamos los huesos, tensamos los músculos y damos la cara. Hay dignidad en el fracaso. Estoy orgulloso de mis abandonos y de mis miedos. Y, a veces, cuando clavo las rodillas en el suelo y apoyo las palmas de mis manos, asoma en mí una pequeña sonrisa; como diciendo, voy a levantarme. Tardaré un minuto o diez años, pero voy a levantarme. Y seguiré luchando porque para ganar vale cualquiera pero para perder hay que ser muy valiente. Porque sólo pierden quienes no tienen nada que perder. Deberían darnos un trofeo cada vez que hemos llegado los últimos. Cada vez que no pudimos hacer lo que deseábamos haber hecho. Por cada desamor, una medalla. Por cada llanto en la madrugada, un diploma y una ovación. Un ramo de flores en el podio por cada duda. Ganar es cursi. Perder es rock and roll. Perder es sólo el primer paso del camino hacia la gloria.