La sociedad es cada vez más consciente de la importancia de la salud mental, un campo amplio donde los trastornos en las personas mayores presentan algunos de los desafíos más complejos. El doctor Antonio Lobo, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, subraya que la depresión y el Alzheimer no solo son las enfermedades más conocidas, sino también las más frecuentes e importantes en este grupo de población, con un pronóstico que exige una atención especializada y urgente. La depresión mayor, aquella que es potencialmente grave y requiere tratamiento, presenta cifras y un pronóstico preocupantes. Según estudios realizados en Zaragoza, este tipo de depresión afecta aproximadamente al 4.8 por 100 de las personas mayores. El doctor Lobo advierte de la complejidad de su evolución, ya que sus datos de seguimiento revelan un panorama sombrío. De hecho, la carga de esta enfermedad es una de las más altas, un término que mide la pérdida de años de vida saludable debido a la discapacidad y la mortalidad prematura que provoca. Los estudios a largo plazo confirman la severidad de este trastorno. En un seguimiento de cinco años, los datos son contundentes: "a los 5 años solo estaban bien, de los que tenían depresión, la cuarta parte", explica el catedrático. El resto de los pacientes o bien continuaban deprimidos, o habían evolucionado hacia trastornos neurocognitivos mayores como las demencias, o directamente habían fallecido, una variable también influida por la edad. Contrario a la creencia popular, la prevalencia de la depresión tiende a disminuir a partir de los 75 años, en parte, porque algunos casos se transforman en demencia. En claro contraste con la depresión, la enfermedad de Alzheimer sí experimenta una progresión geométrica con la edad. Prácticamente inexistente antes de los 65 años, su frecuencia se dispara a partir de esa edad. A esto se suma un importante problema de infradiagnóstico, ya que se calcula que "un tercio de los casos de Alzheimer no han sido diagnosticados" en España. Aunque la frecuencia de la enfermedad por grupo de edad no está aumentando, el incremento de la esperanza de vida provocará inevitablemente un aumento en el número total de casos en las próximas décadas. Ante este panorama, el doctor Lobo señala una carencia estructural en el sistema sanitario español. "Los temas de atención geriátrica, los servicios especializados, en nuestro país son deficitarios, claramente", afirma. Esta situación contrasta con el notable desarrollo de otras áreas como la psiquiatría infantil. La psicogeriatría, rama dedicada a la salud mental de los mayores, está, en su opinión, "poco desarrollada" a nivel nacional. Sin embargo, existen excepciones notables que marcan el camino a seguir. El psiquiatra destaca que en Huesca se está desarrollando uno de los proyectos más importantes del país, un programa de atención psicogeriátrica que considera "pionero". Este modelo integral está diseñado para atender a pacientes ambulatorios, coordinarse con los médicos de atención primaria, gestionar hospitalizaciones y ofrecer programas de rehabilitación para enfermos crónicos. Aunque podría beneficiarse de más recursos, su diseño es, para Lobo, un referente a nivel nacional. El doctor Lobo define dos retos principales para el futuro inmediato. Por un lado, mejorar la atención a los pacientes actuales, que es "mejorable"; por otro, y de forma crucial, apostar por la prevención. Investigaciones recientes abren una puerta a la esperanza. Un estudio de 2005 en Zaragoza fue el primero en documentar una disminución en la prevalencia del Alzheimer en varones, una tendencia confirmada posteriormente por otros nueve estudios internacionales. La pregunta clave fue: ¿por qué estaba disminuyendo? La respuesta está en la prevención de ciertos factores de riesgo que están directamente relacionados con la aparición de la enfermedad. La mejora en el nivel de escolarización ha sido un factor protector clave, pero existen otros elementos modificables. El experto enumera una serie de factores bien documentados que incluyen la sordera no tratada, la propia depresión, el aumento del colesterol, la falta de ejercicio y el sedentarismo. Actuar sobre ellos es fundamental. La conclusión del catedrático es clara: la prevención puede cambiar el curso de la enfermedad de Alzheimer en un porcentaje significativo. La clave reside en abordar esos factores de riesgo que son "potencialmente tratables e irreversibles". En este contexto, "el tema de la prevención primaria, en ese sentido, es muy importante", concluye Lobo, subrayando el camino que la sanidad debe tomar para proteger la salud mental de una población cada vez más envejecida. Sus declaraciones se producen en el marco de una jornada sobre estos retos celebrada en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca.