Desde diciembre de 2022, el Perú vive una inestabilidad política excepcional. En poco más de tres años hemos tenido tres presidentes de la República y múltiples cambios de gabinete, lo que ha profundizado una crisis que derivó en la ruptura del equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo, instalando una confrontación permanente y debilitando seriamente la capacidad del Estado para conducir el país. Pese a ese escenario, el Perú logró cerrar el último año con un crecimiento económico cercano al 3% y sin un quiebre social de gran escala. Esa aparente contradicción tiene una explicación clara: el país se sostuvo desde las regiones.