Occidente tiene un talento peculiar para exportar democracia con la misma pasión con la que importa petróleo. Y, curiosamente, nunca confunde los destinos. A los países que considera «problemáticos» les envía discursos sobre libertad; a los que le garantizan energía barata, armas y contratos millonarios, les envía alfombras rojas. Arabia Saudita, por ejemplo, puede decapitar […]