Así le destrozan un barco de 70.000 euros tras un año okupado: "No había nada que sirviese"

La historia de Débora, propietaria de un velero, es la crónica de una pesadilla que ha compartido en los micrófonos de 'Herrera en COPE Gran Canaria'. Tras alquilar su barco de 15 metros de eslora, lo recuperó un año después completamente destrozado por una familia de okupas que lo dejó en un estado lamentable e irreconocible. Lo que una vez fue una embarcación 'de lujo', valorada en más de 70.000 euros tras una reciente restauración, se convirtió en un vertedero flotante lleno de basura, cucarachas y desperfectos que la dejó, en sus palabras, 'desmoralizada'. El calvario comenzó con un contrato de alquiler que parecía normal. El arrendatario inicial pagó religiosamente al principio, pero pronto empezó a demorarse en los pagos hasta que dejó de abonar las cuotas por completo. Sin el conocimiento de Débora, y violando explícitamente el contrato que 'prohibía el subarriendo', el inquilino original decidió estafar a una familia de seis personas, incluyendo cuatro menores y un perro, que venía de Jerez de la Frontera. Esta familia fue engañada con la falsa promesa de una casa en obras, utilizando el barco como una supuesta solución temporal. Sin embargo, la vivienda nunca existió y, tras descubrir el fraude, dejaron de pagar al subarrendador y se atrincheraron en la embarcación durante un año, convirtiéndose en okupas. Débora se enteró de la situación de la peor manera: mediante una llamada del puerto. 'Me iban a denunciar porque el barco estaba en mal estado y habían niños bañándose, algo que está prohibido', explicó en la entrevista. Al intentar hablar con la familia, se encontró con una fuerte hostilidad. Debido a la presencia de menores, los servicios sociales consideraron a los ocupantes como 'vulnerables', por lo que no pudieron ser desalojados, mientras a ella se le prohibía acercarse a su propio barco. Durante ese largo año, la propietaria tuvo que asumir todos los costes fijos. 'Pagaba el pantalán, el agua, la luz y los remolques', una suma que, según detalla, ascendía a '1.000 euros al mes', sin contar el lucro cesante del alquiler que nunca recibió. Mientras tanto, recibía quejas del muelle por las 'fiestas', el desorden que generaba la familia y hasta por el perro que tenían a bordo. Cuando la familia se marchó 'así, sin esperarlo', Débora tuvo que esperar un mes para que la policía certificara el abandono y poder acceder. La escena que encontró fue, en sus propias palabras, 'desmoralizante'. El hedor era insoportable incluso desde la distancia. 'Desde los muros de donde andas en el muelle, se olía el mal olor que fundía al barco', relató. Al entrar, solo pudo constatar la magnitud del desastre: 'No había nada que sirviese en el barco', sentenció. La propietaria se topó con los 'baños y las puertas arrancadas', los colchones rotos, comida podrida en la nevera y ropa mojada en la lavadora. La acumulación de porquería era tal que fueron necesarios 'tres camiones de basura' para vaciarlo y una 'empresa de fumigación' para poder trabajar en su interior debido a una plaga de cucarachas. 'Las cucarachas se estaban pasando al pantalán', lamentó en COPE. El hallazgo más sorprendente fue encontrar 'bolsas enteras de comida' sin abrir, aparentemente de donaciones de entidades como Cáritas o la parroquia, lo que contrasta con las peticiones de ayuda que la familia hacía en televisión. Esta situación le generó una profunda sensación de abandono e impotencia. 'Siento mucha rabia y de no obtener apoyo de nadie, todos apoyaban a esta gente y a mí nadie me apoyaba en nada', confesó, resumiendo su frustración. Incapaz de afrontar una nueva restauración y 'moralmente destrozada', Débora vendió el barco. De una inversión total de casi 70.000 euros, solo pudo recuperar 15.000 euros. 'Ya era moralmente no podía ni verlo', admitió. El nuevo propietario ya ha invertido más de 20.000 euros en reparaciones. Aunque ha perdido una gran suma, Débora siente que se ha quitado 'un problemón de encima', mientras la denuncia contra el inquilino original y la familia sigue su curso en los juzgados.