La Audiencia Provincial de Almería ha acordado la expulsión del territorio nacional durante un periodo de siete años del ciudadano marroquí de 20 años que protagonizó graves incidentes durante la pasada Semana Santa en el barrio de Pescadería. El joven llegó a amenazar con un cuchillo a personas que se dirigían a actos religiosos a la Iglesia de San Roque, entró en el templo con la cara ensangrentada e insultó a los fieles. Según la sentencia, dictada en firme tras el reconocimiento de los hechos por parte del acusado, el joven fue condenado a dos años y medio de prisión (dos años y un día por un delito de amenazas a colectivos religiosos y seis meses por un delito de perturbación de actos religiosos) si bien la Sección Tercera de la Audiencia ha acordado sustituir la pena privativa de libertad por su expulsión de España durante siete años . Hasta que se materialice la medida, el condenado permanecerá en un centro penitenciario. El tribunal considera probado que el acusado actuó con la intención de «atemorizar a la comunidad cristiana» del barrio, llevando a cabo conductas calificadas como «intolerables hacia los sentimientos religiosos» desde la víspera del Viernes de Dolores hasta el Domingo de Ramos. Entre los hechos probados figura la sustracción de una lona de grandes dimensiones con la imagen del Cristo del Mar , valorada en unos 70 euros, que colgaba del balcón de la vivienda de un miembro de la Hermandad Marianista del Calvario de Pescadería. Por este motivo, la sentencia le impone además una multa de dos meses, a razón de tres euros diarios, por un delito leve de hurto. Asimismo, durante la tarde del Viernes de Dolores, el acusado se paseó por las calles del barrio portando un cuchillo de grandes dimensiones mientras increpaba y gritaba a los fieles que se dirigían a participar en actos religiosos. Poco después irrumpió en la iglesia de San Roque, donde se celebraba el Vía Crucis, profiriendo gritos, realizando gestos ofensivos hacia las imágenes y llegando a insultar a los asistentes desde el altar, lo que obligó a suspender el acto y a cerrar el templo por temor a un posible episodio violento. Los incidentes se repitieron en la mañana del Domingo de Ramos, cuando el condenado volvió a entrar en la iglesia de San Roque con la cara ensangrentada y se dirigió directamente al altar para increpar a los numerosos fieles presentes, provocando un gran temor entre los asistentes. La sentencia también le prohíbe durante ocho años la entrada a cualquier templo de culto católico.