Can Yaman mide casi dos metros de altura y, exagerando un poco, casi, casi lo mismo a lo ancho. Es imponente, puro músculo. Puede que parezca solo físico, pero es el resultado de un trabajo que no se ve y le ocupa todo el día. Estudioso que iba para abogado, la estrella turca, además de su lengua materna, habla italiano como un nativo –vive allí desde hace ya cinco años–, rodó series «colosales» como 'Sandokan' y 'El turco' en inglés y ahora también español, que lleva tiempo aprendiendo para poder grabar en este idioma (su próxima serie, producida por Secuoya Studios, es 'El laberinto de las mariposas' ). Su máxima es trabajar, trabajar, trabajar, curtido por las dieciocho horas de rodaje al día de la exigente industria de su país. Así ha traspasado las fronteras de Turquía y alcanzado el éxito internacional más allá de las telenovelas que espolearon su carrera. « La fama es como un órgano de mi cuerpo . Estoy muy acostumbrado, vivo con ella desde hace 15 años. Ya no pienso en ello, te acostumbras. Tengo 36 años, me considero un hombre que evoluciona y esto se ha convertido en algo automático, natural para mí», cuenta en un muy digno español Can Yaman a ABC durante su visita a Madrid para presentar 'El turco', que este jueves estrena Movistar Plus+. «Me considero talentoso para repetir las cosas fonéticamente. Aunque no sepa perfectamente el idioma, o me toque rodar en uno que no conozco, fonéticamente creo que puedo hacerlo», reconoce. Su trayectoria le da la razón. A pesar de tener una legión de fans detrás, el galán turco se muestra humilde. «¿Va a ser fácil?», pregunta, con una sonrisa tímida, antes de empezar la entrevista. Mejor recibido fuera de Turquía que dentro, el actor se ha propuesto romper el tabú de su profesión en su país, donde los intérpretes suelen tener un perfil discreto, alejado de los focos que él acapara. «Si quieres vivir una vida particular, tienes que pagar el precio. Todos sueñan con vivir una vida extraordinaria, pero nadie está listo para pagar el precio. Yo estoy listo para pagar ese precio, sacrificar algunas cosas , porque es parte del juego. Yo siempre intentaré crecer y seguir adelante», confiesa. Quizás ese empeño le ha valido suspicacias donde nació, y donde fue detenido la semana pasada durante una redada policial en discotecas de Estambul por presunta posesión de drogas. Rompió el silencio hace unos días en Instagram, dirigiéndose a la prensa italiana, a la que les suplicaba no cometer «el mismo error» que los medios patrios –«la prensa turca siempre ha sido cruel conmigo», dijo– y tira de ironía durante su entrevista con ABC. «Tuve esa experiencia... Mis vacaciones en Estambul, en Turquía, me regalan siempre emociones muy mezcladas. Tuve tres semanas de vacaciones increíbles allí, casi, casi me habían convencido para volver , porque la gente era muy amable, me lo pasaba muy bien. Así que tenía que pasar algo para cancelarlo (sic)». En 'El turco', Can Yaman da vida a Balaban Hasan, un soldado de élite en una historia épica de redención, justicia y amor imposible inspirada en hechos reales. Un personaje que, rechazado en su país, encuentra refugio en Italia. « Mi personaje es un turco que huye porque lo quieren matar en el imperio otomano y se refugia en Italia, así que, irónicamente, se asocia conmigo», dice, entre risas. Can Yaman saltó a la fama después de protagonizar las comedias románticas 'Erkenci Kus: Pájaro soñador' y 'Dolunay: Luna llena', pero ahora parece centrado en las producciones internacionales históricas y de acción. «Me gustan los desafíos, los retos, las dificultades, cambiar, no repetirme», asegura. Por eso, admite, disfruta saliendo de su «zona de confort», subiendo o bajando de peso (en 'Sandokan' pesaba 85 kilos; en 'El turco', 101): «Fue una decisión ir a Italia para probar otras cosas, otros géneros. Esforzarme por hacer otras cosas. Como filosofía en mi carrera, intento hacer cosas distintas. Intento empujarme, modificarme, no repetirme . Ese es mi sueño». El físico es tan importante en la vida de Can Yaman como los libros. «Mi físico suele ser un prejuicio. Es algo que quiero romper, por eso me corté el pelo (su seña de identidad) con 'Sandokan', para no repetirme [...] El cuerpo puede ser un hándicap, pero si te preparas bien para las cosas, también puede ser una ventaja», explica, con la camisa abierta y el pecho semidescubierto.