Groenlandia llevaba décadas instalada en una sensación de seguridad, como si su geografía y su distancia la protegieran de todo, y esa certeza se ha roto de golpe : en cuestión de días la población ha pasado de bromear con que “allí nunca pasa nada” a hablar en serio de evacuación, de huida preventiva a Dinamarca, o de qué ocurrirá con sus hijos si un día despiertan siendo “americanos” . Vivir con miedo. Contaba en un extenso reportaje el Guardian que estos días en la isla se lidia con una pregunta: como se sobrevive psicológicamente cuando una amenaza militar deja de ser una película y se vuelve una posibilidad concreta . El impacto no es solo político: insomnio, ansiedad, nerviosismo cotidiano, preguntas que no se responden con discursos sino con planes de emergencia , y la sensación de que nadie está preparado para algo que nunca han vivido, porque Groenlandia no tiene memoria histórica de invasiones modernas y su vida pública se construía precisamente sobre la idea de que el mundo quedaba lejos . En Xataka Un avión con ventanas falsas apunta a que EEUU utilizó la táctica más controvertida de la guerra contra Venezuela: la perfidia Mirar al cielo como en 1939. El medio británico recordaba el paralelismo. La imagen más poderosa de este momento es la vigilancia civil convertida en rutina: habitantes de Nuuk siguiendo vuelos en aplicaciones, observando el puerto y el cielo como quien espera una tormenta que aún no ha descargado, interpretando cada movimiento como presagio, asustándose con un avión de transporte que despega de una base cercana y temiendo que sea el comienzo de “lo inevitable”. Esa espera tiene algo de 1939 no por la comparación militar exacta, sino por el clima emocional: la certeza de que se está entrando en una época peligrosa, la impresión de que las garantías previas ya no sirven, y el presentimiento de que el golpe (si llega) no será diplomático. En esa tensión, el teléfono se convierte en radar doméstico y la vida se hace diminuta. La amenaza de la “necesidad”. La clave del miedo no es solo que haya intereses estratégicos en el Ártico, sino que el lenguaje que llega desde Washington suena a apropiación y fuerza : la idea de que Groenlandia es “necesaria” para la seguridad estadounidense, incluso si forma parte del reino de Dinamarca, desplaza el debate de lo político a lo existencial. Cuando una potencia habla así, la población más pequeña se siente automáticamente impotente, y ese sentimiento se repite . En ese punto, incluso la esperanza de que todo quede en retórica ya no calma a sus habitantes, porque el precedente reciente de intervenciones duras alimenta la idea de que lo impensable ya no es imposible, solo cuestión de tiempo. La base Thule de Estados Unidos Diplomacia al límite. Los encuentros que t uvieron lugar en Washington ofrecen un alivio momentáneo porque sugieren diálogo, pero lo que queda es una sensación fría: no se ha resuelto el desacuerdo fundamental y, en el fondo, la posición estadounidense no ha cambiado . La presencia de figuras de primer nivel añade gravedad eincertidumbre, porque no se percibe como un intercambio entre aliados, sino como una negociación asimétrica donde una parte siente que puede “permitirse” imponer condiciones. Incluso cuando el tono se vuelve por primera vez algo conciliador (Trump prometiendo vagamente que “algo saldrá” ), el mensaje subyacente sigue siendo inquietante: no se descartan opciones, se insiste en la incapacidad de Dinamarca ante Rusia o China, y se mantiene la idea de que el control estadounidense sería la solución, lo que para los groenlandeses suena menos a protección y más a sustitución . El giro militar europeo. El gran cambio visible ha llegado en las últimas horas, cuando Europa ha empezado a poner tropas en Groenlandia : Francia, Suecia, Alemania y Noruega han anunciado el envío de personal militar en una misión de reconocimiento en Nuuk, y Dinamarca lo encuadra como parte de un esfuerzo para explorar opciones de seguridad en un Ártico cada vez más disputado por Rusia y China. Es un movimiento que, por sí solo, ya es histórico en términos de atmósfera : Groenlandia pasa de ser un territorio remoto con presencia militar discreta a convertirse en escenario de despliegues aliados y de una narrativa de “refuerzo” que normalmente se asocia a fronteras “calientes”, no a una capital de hielo donde la vida pública respiraba calma. La gente nota el cambio en lo más básico : más vuelos, más barcos, más uniformes, más señales de que algo se está moviendo bajo la superficie. Lo excepcional dentro de la OTAN/UE. Lo llamativo no es solo el envío en sí, sino lo que representa : la idea de desplegar fuerzas europeas en un territorio vinculado a la OTAN y a la esfera de la UE como respuesta preventiva a una crisis política con Estados Unidos es algo que rompe el guion habitual de la alianza, donde el refuerzo militar se piensa contra amenazas externas, no para gestionar el riesgo de un pulso interno. Aunque se presente como reconocimiento y entrenamiento ante Rusia y China, la percepción social es otra : esto ocurre porque hay una amenaza concreta y porque el tiempo parece acelerarse. En otras palabras, el despliegue sugiere que Europa está intentando convertir la simbología en disuasión : demostrar presencia, unidad y realidad material sobre el terreno para que la discusión deje de ser solo un juego de declaraciones. Miedo a otra colonización. Además, bajo la geopolítica late una herida más profunda: la memoria de la colonización danesa y el temor a repetir el patrón con otro “dueño”. Para parte de la población inuit, la idea de “otra colonización” no es una metáfora, es más bien un fantasma real , y por eso el miedo no se expresa solo en términos de soberanía o recursos, sino humanos: qué pasará con los estudios, derechos o la vida cotidiana o su identidad. La crisis, paradójicamente, también activa un refuerzo de identidad indígena , una separación cultural más marcada respecto a Dinamarca y un rechazo visceral a ser tratado como un objeto intercambiable en una conversación global donde Groenlandia aparece como “premio” mineral y posición estratégica . En Xataka Está lloviendo tanto en la provincia de Jaén que a la cosecha de aceite de oliva le ha salido un problema: sobra agua Una conclusión inquietante. En el fondo, lo que asoma es una verdad incómoda que la población percibe con claridad : en un mundo donde estamos viendo invasiones, guerras y cambios de fronteras, la “legalidad internacional” no basta como escudo emocional, y por eso incluso quienes quieren independencia admiten que hoy dependen de Dinamarca para sentirse seguros. Así, Groenlandia está viviendo el paso más difícil: dejar de pensar que la historia pasa en otros sitios y aceptar que, de repente, el foco del mundo l es apunta a ellos . De ahí que mirar al cielo con una app en la mano no sea paranoia: es la forma moderna, doméstica y triste de esperar una decisión que no controlas. Imagen | Wikimedia, GRID-Arendal , Pexels , TSGT En Xataka | EEUU ha decidido que Europa es su problema en Groenlandia. Alemania quiere convencerle de que el problema es Rusia En Xataka | Groenlandia se ha convertido en una obsesión para Estados Unidos por un motivo simple: se creen el calentamiento global - La noticia En Groenlandia están tan asustados que está ocurriendo algo inédito: viven pegados a una app mirando al cielo como si fuera 1939 fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .