Sientes que te fallan las fuerzas, que apenas puedes levantarte de la cama y que lo que más te apetecería es quedarte en casa sin aliñarte. No solo haces eso sino que, además, sientes una apatía por todo tremenda. Si tienes esos síntomas y sientes que tienes una carga mental tremenda, lo mejor que podrías hacer es consultar a un profesional, porque puede que estés atravesando una depresión. La salud mental, ya lo sabes, es algo fundamental de preservar, por lo que, si vemos que en algún momento estamos en horas bajas y no se pasa tan fácilmente, lo mejor es acudir a un médico y evitar que todo vaya a peor. Y es que la depresión es más compleja que una simple mala racha. Así lo ha explicado el psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de psiquiatría y salud mental del hospital universitario infantil Leonor de Madrid, en el programa 'La Tarde' de COPE. Con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, el especialista ha abordado un trastorno que en España afecta a cerca de 3 millones de personas, muchas de las cuales tardan en ponerle nombre al sufrimiento que padecen. El doctor Quintero subraya que la tristeza es una 'emoción rigurosamente normal' ante una pérdida, pero la depresión 'tiene una cualidad distinta'. Para identificarla, el psiquiatra se refiere a lo que llama la 'triple A': anhedonia (dificultad para disfrutar), apatía (falta de ganas) y abulia (falta de fuerzas para llevar adelante el día a día). Estos síntomas se suman a la tristeza y son clave para entender la diferencia. Muchas veces, el principal problema es el desconcierto de no saber qué ocurre. El cantante Alejandro Sanz, que ha hablado abiertamente de su experiencia, describió este sentimiento como lo más duro del proceso: "Esa sensación de vacío que no tiene explicación, que no se parece a ningún sentimiento, no tiene nombre". Quintero coincide, calificándolo como un 'dolor en el alma' que genera desconcierto y dificulta saber cómo actuar. La depresión no siempre aparece cuando todo va mal. Artistas de gran éxito como Alejandro Sanz o Aitana son prueba de ello. "El tener recursos económicos no te previene, no te protege de tener una depresión", aclara Quintero, quien defiende un modelo 'biopsicosocial'. Existe una vulnerabilidad genética que, en interacción con un entorno desfavorable, puede hacer que el trastorno 'estalle', pero el éxito no es un escudo. En los jóvenes y adolescentes, la depresión se manifiesta de forma diferente. El psiquiatra ha explicado en el programa de Pilar García Muñiz que en estas edades es más común ver 'irritabilidad' o disforia en lugar de tristeza. "No se aguantan ellos", apunta Quintero, lo que se traduce en problemas de comportamiento. El caso de Jorge, que con 10 años empezó con insomnio y pensamientos suicidas por la violenta situación familiar, es un claro ejemplo. El especialista también señala un aumento 'tremendamente inquietante' de casos en la juventud. Aunque la pandemia fue un 'detonante', Quintero cree que la 'dinamita ya estaba ahí'. Apunta a la relación entre el impacto de las redes sociales y el aumento de trastornos emocionales, así como a la sobreprotección: "Les hemos sustraído la capacidad de frustrarse, y eso no es bueno". ¿Cómo se trata la depresión? "Primero, con mucho cariño", afirma el doctor. El tratamiento no es único y debe adaptarse a cada caso. Los fármacos pueden ser una 'palanca para poder cambiar', una ayuda para mover la 'losa' que supone la enfermedad, pero la psicoterapia es 'súper importante', especialmente en adolescentes, para gestionar la vulnerabilidad detectada. El papel del entorno es crucial. Frases como 'venga, anímate' son 'contraproducentes', ya que la persona siente que no puede, no es que no quiera. "A veces levantarse de la cama ya es un reto casi imposible", explica Quintero. Lo correcto es acercarse, preguntar "¿necesitas algo?" y ofrecerse a buscar ayuda profesional juntos. Finalmente, el psiquiatra anima a acudir a los profesionales. Aunque reconoce las demoras en Salud Mental, insiste en que la Atención Primaria es 'muy accesible'. Y lanza un dato demoledor: las personas tardan una media de '6 a 12 meses' desde que aparecen los síntomas hasta que piden ayuda. "Eso es una barbaridad", concluye.