La Ley Europea de Materias Primas Fundamentales (CRMA, siglas de Critical Raw Materials Act) se gestó para incrementar la capacidad interna del continente en la extración, procesado y reciclaje de minerales como litio, platino, níquel o manganeso. No solo porque son indispensables para las industrias de automoción, fotovoltaica, aeroespacial o de defensa, sino también por la debilidad que genera la dependencia de terceros países en un contexto de máxima competencia. Al amparo de esta normativa se han elegido ya 47 proyectos estratégicos, desde una mina de cobre en Rumanía (la de Rovina, al oeste del país) a una planta de tratamiento de cobalto en Finlandia (Jervois Project).