Entre las muchas atracciones propias de los días navideños, siempre me ha atraído de modo especial visitar los tradicionales belenes. Con el matiz de que, como dice el refrán, "hasta San Antón, Pascuas son". En alguna ocasión he publicado en este diario que la contemplación de un belén me parecía una clase de historia contada de una forma muy sencilla. La escena esencial es la del Nacimiento de Jesús en un pesebre y en esa historia adquieren un gran protagonismo la gente sencilla desarrollando las tareas cotidianas y no solo los personajes que ostentan el poder y así entre las figuras del belén encontramos la de la mujer que lava la ropa, el pastor que cuida el ganado, el agricultor, el comerciante y con frecuencia todo ello enmarcado en el paisaje nostálgico de nuestros propios pueblos y ciudades.