La pérdida de su hermana pequeña supone un nuevo golpe para Doña Sofía , quien en apenas tres años ha perdido a sus dos hermanos, sus principales confidentes y el último vínculo vivo con su infancia y su pasado familiar en Grecia. El 10 de enero de 2023, fallecía Constantino , primer hijo varón de Pablo y Federica de Grecia , y hermano mediano de Irene y Doña Sofía . Entonces, las dos hermanas viajaron a Grecia para acompañar a su hermano en sus últimos días y no se separaron de su lado. Pese a que la monarquía fue abolida hace décadas en Grecia, el velatorio se celebró en la plaza de la catedral de Atenas y hasta allí acudieron cientos de ciudadanos para despedir al último monarca de los helenos. A esa pérdida se sumaron otras dos dolorosas despedidas: en agosto de 2024 fallecía Miguel de Grecia , último nieto del Rey Jorge I y tío segundo de Doña Sofía. La cercanía de edad favoreció una relación especialmente estrecha entre ellos, y la reina emérita acudió al funeral en Atenas. El pasado diciembre, se despedía también de una de sus primas más queridas, la Princesa Tatiana Radzimill , hija de Eugenia de Grecia y Dominico Taniero Radzimill . Los primeros años de la infancia de los hermanos transcurrieron en el exilio. Tras el regreso de la Familia Real a Atenas, los tres compartieron juegos en el impresionante entorno natural de la finca de Tatoi , situada a unos veinticinco kilómetros de la capital griega. La finca de Tatoi era un auténtico paraíso de vegetación exuberante y fauna autóctona donde las dos niñas soñaron con ser arqueólogas, como ayudantes en las excavaciones arqueológicas de las ruinas de la antigua ciudad de Decelia . Meses después de su regreso a Grecia, fallecía el Rey Jorge y su hijo Pablo —padre de doña Sofía— se convertía en Rey de Grecia. La infancia de los tres hermanos transcurrió de forma apacible entre las principales residencias de la Familia Real: la casa de Psijikó (norte de Atenas), la finca real de Tatoi y el palacio de Mon Repos (Corfú). Más adelante, Sofía e Irene fueron enviadas al internado de Salem . Su lejanía de casa y la exigente educación del centro fomentaron que las hermanas se unieran aún más. Tras la boda de doña Sofía con Juan Carlos de Borbón, las hermanas volvieron a separarse; Irene permanecería en Grecia hasta el fallecimiento de su padre en 1964. Tres años después, el apoyo de Constantino a la junta de los Coroneles provocó un nuevo exilio de la Familia Real griega, primero a Roma y después a Londres. Aquella experiencia volvió a unir a los hermanos de forma profunda y definitiva. Durante estos años, Irene vivió una profunda transformación personal marcada por sus estancias en Mandrás (India) junto a su madre, la Reina Federica. Allí conoció de primera mano la pobreza extrema y decidió dedicar su vida a los más desfavorecidos. De esa vivencia nacería años después la fundación Mundo en Armonía, activa en la India y en otros países, incluida Grecia donde prestó apoyo a cientos de familias griegas y de refugiados durante la crisis financiera. La relación de los tres hermanos siempre fue estrecha. Desde 2013, cuando el estado griego permitió a Constantino regresar a Grecia tras casi medio siglo de exilio, los tres compartieron largas estancias en la residencia estival de Constantino en Porto Jeli (Peloponeso). Aquel refugio se convirtió en un espacio de reencuentro con sus raíces, de memoria y complicidad fraternal. A partir de 1975, Irene y su madre se instalaron en el palacio de La Zarzuela, aunque Irene continuó viajando con frecuencia a la India y no se estableció definitivamente en Madrid hasta el fallecimiento de Federica en 1981. Desde entonces, vivió en un pequeño apartamento del ala derecha del palacio, el mismo en el que falleció ayer. La muerte de su madre estrechó aún más el vínculo entre las dos hermanas, que permanecieron inseparables hasta el fallecimiento de Irene Irene de Grecia será enterrada en el cementerio familiar de Tatoi, donde reposan los restos de sus padres y su hermano Constantino. El cementerio sufrió graves daños durante los incendios forestales de 2021 y ya no queda nada de aquel frondoso bosque en el que jugaban los tres hermanos. La finca de Tatoi, expropiada en 1994 por el ejecutivo de Andras Papandreu , abrirá sus puertas al público como museo y espacio cultural a finales del próximo año. Allí se exhibirán recuerdos de la infancia de los tres hermanos, en el mismo lugar donde forjaron una complicidad que ni el exilio ni el paso del tiempo lograron romper.