Passivhaus, las casas que protegen del radón

Durante años, el gas radón ha sido un enemigo invisible en miles de hogares españoles, especialmente en regiones con suelos graníticos del noroeste y el interior peninsular. Incoloro, inodoro y de origen natural, este contaminante está detrás de cerca del 7% de las muertes por cáncer de pulmón en España. Ahora, un estudio impulsado por la Plataforma Edificación Passivhaus (PEP) aporta una evidencia clave: la forma en que construimos y ventilamos nuestras viviendas puede marcar la diferencia entre un riesgo silencioso y un hogar saludable. El Estudio de Monitorización de Radón en España, realizado con el apoyo del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), ha analizado durante un año completo 73 edificios residenciales en 11 comunidades autónomas, comparando viviendas certificadas Passivhaus con edificios convencionales. Los resultados son contundentes: las viviendas Passivhaus registran concentraciones de radón más de un 50% inferiores, incluso en comunidades con niveles de exposición elevados como Galicia, Castilla y León o Extremadura. Las mediciones, realizadas en verano e invierno mediante detectores pasivos de trazas, permiten obtener una media anual fiable y científicamente comparable. En territorios donde una parte significativa de la población supera los 300 Bq/m³ —el umbral que marca el riesgo elevado—, las viviendas Passivhaus se mantienen claramente por debajo de esos valores y, además, bajo el nivel saludable recomendado por la Organización Mundial de la Salud, fijado en 100 Bq/m³. La clave, según los investigadores, está en la combinación de una envolvente altamente hermética y sistemas de ventilación mecánica controlada de doble flujo. «La calidad constructiva y el diseño del edificio influyen directamente en la exposición al radón», explica Sonia García, investigadora del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (CSIC). Este enfoque no solo reduce la concentración media anual del gas, sino que también estabiliza sus niveles a lo largo del año, evitando picos estacionales. Desde el Ministerio de Sanidad, los datos refuerzan una línea estratégica clara. «Reducir la exposición al radón en interiores es una prioridad de salud pública», señala Marina Morales, técnica superior en Sanidad Ambiental y Salud Laboral. El estudio, añade, demuestra que la edificación puede convertirse en una herramienta preventiva de primer orden, en línea con los objetivos del Plan Nacional contra el Radón. Para la Plataforma Edificación Passivhaus, el informe confirma que este estándar va más allá del ahorro energético y el confort térmico. «Las viviendas monitorizadas mantienen concentraciones medias por debajo del valor recomendado por la OMS», subraya Rosalía García, coordinadora técnica de la PEP. Un dato especialmente relevante en zonas clasificadas como de riesgo medio y alto por el Código Técnico de la Edificación. El CGATE, por su parte, destaca la responsabilidad del sector en la adopción de soluciones constructivas avanzadas. «Ir más allá del cumplimiento mínimo normativo tiene un impacto real en la salud de las personas», afirma Juan López-Asiain, director de su Gabinete Técnico, quien señala también el papel clave de la arquitectura técnica en la rehabilitación del parque de viviendas existente. En un país donde el radón sigue siendo un problema poco visible para la mayoría de la población, el estudio deja un mensaje claro: construir mejor no solo ahorra energía, también salva vidas. Y en esa ecuación, la edificación Passivhaus se perfila como una aliada silenciosa pero decisiva de la salud pública.