La medida forma parte de una estrategia nacional de bienestar animal y ha encendido el debate entre quienes la celebran como un avance ético y los hosteleros que la ven como un golpe económico y un riesgo para la calidad del producto. En España, donde cocer marisco vivo es tradición y también medida sanitaria, la propuesta genera reacciones encontradas entre respeto animal y defensa de costumbres centenarias. El 22 de diciembre de 2025, justo cuando las mesas se llenaban de marisco en Navidad, el gobierno británico presentó la iniciativa. El argumento central es contundente: este método tradicional ya no se sostiene. La ley todavía no ha sido aprobada, pero las consultas están en marcha y las directrices técnicas más detalladas llegarán a lo largo de 2026. El objetivo oficial: declarar «inaceptable» hervir vivos a estos animales. Las soluciones que baraja el gobierno son congelación previa o aturdimiento con aparatos eléctricos especiales. El inconveniente económico salta a la vista: cada dispositivo cuesta unas 3.500 libras (más de 4.100 euros). Restaurantes de zonas pesqueras del sur de Inglaterra y Escocia, donde langostas y camarones locales tienen su nicho, ya han elevado quejas formales al gobierno. Las encuestas muestran un apoyo mayoritario entre la población británica, que ve en la medida una coherencia con su creciente sensibilidad animal. Eva Millán, gallega de origen, añadió en la tertulia un toque de humor: muchos británicos descubren el verdadero marisco cuando llegan a Galicia y prueban percebes o nécoras por primera vez. «Es incomparable», reconoció. Daniel Rego Esternat, copropietario de Taberna Dobico en Camariñas (A Coruña), participó en directo en la tarde de COPE con Pilar García Muñiz. Su postura es clara: las prohibiciones son contraproducentes; mejor educar y buscar alternativas prácticas. Trajo a colación el método japonés Ikehime —golpe en el cerebro, desangrado con alambre y enfriamiento rápido— que ya probó con chipirones y que reduce sufrimiento y mejora la carne. Sobre la congelación británica fue directo: altera la textura del camarón y otros crustáceos. Y recordó que en especies como el pulpo, cocerlo vivo es la única forma de que quede tierno. La tertulia dejó sobre la mesa una reflexión abierta: ¿se puede reducir el sufrimiento animal sin sacrificar seguridad alimentaria ni calidad? Rego apuesta por investigar adaptaciones de técnicas como el Ikehime al marisco, en vez de imponer soluciones caras y poco adaptadas. Mientras el Reino Unido aprieta el acelerador normativo, en las costas gallegas y en muchas cocinas españolas el tema hierve a fuego lento. Tradición, ciencia, salud y empatía se cruzan en el plato. El viejo ritual de meter el marisco vivo en la olla ya no pasa tan inadvertido.