Cuando el ataque de Estados Unidos a Irán parecía inminente, Washington y Teherán rebajaron el tono sus declaraciones y volvió una sensación de aparente tranquilidad a la república islámica. El régimen insistió en que tiene «la situación bajo control», pero el servicio de internet permaneció cortado por séptimo día y las calles de ciudades como Teherán se llenaron de puestos de control ante el temor de nuevas protestas en el inicio del fin de semana iraní, que es jueves y viernes. Es una incógnita saber la capacidad de movilización tras el baño de sangre y el alejamiento de la «ayuda» anunciada por Donald Trump a los manifestantes. Después de varias horas de cierre total, el espacio aéreo de Irán volvió a abrirse y las principales aerolíneas retomaron los vuelos al país. 48 horas después de llamar a los iraníes a mantenerse en las calles y tomar las instituciones, Trump declaró que su administración había sido informada «por fuentes muy fiables» de que «las muertes en Irán están disminuyendo y no hay planes de ejecuciones». El presidente, sin embargo, no descartó la intervención y en Teherán no bajaron la guardia porque tienen la experiencia del verano, cuando Israel les atacó en medio de las conversaciones nucleares con los estadounidenses. La aparente rebaja de la tensión no significa el final de la crisis, pero ofrece un paréntesis a los ayatolás para intentar retomar el control interno. Junto a la muerte de manifestantes, unos 2.500 según diferentes organizaciones de derechos humanos , Trump señaló a las ejecuciones como una línea roja y el régimen, en este punto, reculó. Tras anunciar el aceleramiento de los juicios y los preparativos de ejecuciones de personas detenidas en las protestas, bajo cargos de 'moharebeh' (guerra contra Dios) o «terrorismo», el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó a última hora del miércoles que «la horca está fuera de toda consideración» y que «no habrá ahorcamientos ni hoy ni mañana». Araghchi eligió la cadena Fox News para conceder una entrevista y enviar este mensaje directamente al despacho de Trump. El jefe de la diplomacia aprovechó para pedir al presidente «que no repita el mismo error que cometió en junio. Si intenta repetir una experiencia fallida, obtendrá el mismo resultado», en alusión a la guerra de doce días del verano en la que Estados Unidos apoyó a Israel. El nombre del joven del Erfan Soltani , de 26 años, es el que saltó a los medios como el primer posible condenado a la horca. La fiscalía aseguró que las noticias sobre su inminente ahorcamiento fueron «fabricadas» con el objetivo de engañar a Trump. Soltani fue detenido el sábado durante los disturbios y acusado formalmente de «reunión y conspiración contra la seguridad interna del país» y de «actividades de propaganda» contra la república islámica. El joven permanece detenido en la prisión central de Karaj, ciudad próxima a la capital. Trump puso en marcha la cuenta atrás para la intervención cuando salieron a la luz las primeras imágenes de cientos de cuerpos en una morgue de Teherán. Israel y la oposición en el exterior, con el hijo del Shá a la cabeza, presionaron para que diera el paso y lanzara una operación a gran escala que sirviera para derrocar al régimen. Los países vecinos, como Turquía y las monarquías del Golfo, pidieron a Washington que diera una oportunidad a la diplomacia por el temor a que el conflicto se extendiera a toda la región. El diario paquistaní Dawn reveló a última hora del miércoles que Estados Unidos comunicó a Irán que no tenía intención de atacar y pidió a Teherán que mostrara contención con las protestas, de acuerdo con las palabras del embajador iraní en Islamabad, Reza Amiri Moghadam. El analista israelí Danny Citrinowicz , ex responsable del departamento de Irán en la inteligencia militar, escribió en su perfil de X que Trump «tiene una clara preferencia: guerras cortas y decisivas que entreguen una victoria visible y comercializable. Irán presenta un desafío fundamental a ese modelo. No hay un camino creíble para lograr un resultado estratégico decisivo a través de una campaña limitada y de corta duración». La incógnita de sobre la capacidad de resistencia del régimen, unida a la división de la oposición en el exterior, el riesgo de situaciones como la del cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula el entre el 20 y el 30 por ciento del petróleo que se comercializa por mar en el mundo, o el ataque a bases estadounidenses en la región, habrían llevado a la Casa Blanca a reconsiderar la operación. Lo que sí llegaron desde Estados Unidos fueron una nueva ronda de sanciones a dirigentes del régimen. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que su país «se encuentra firmemente del lado del pueblo iraní en su llamado a la libertad y la justicia. Por orden del presidente Trump, el Departamento del Tesoro sanciona a líderes involucrados en la brutal represión. El Tesoro utilizará todas las herramientas a su alcance para dirigirse contra aquellos responsables de la tiránica opresión del régimen a los derechos humanos». Unas sanciones que no servirán de mucho apoyo para aquellos iraníes que esperaban otro tipo de ayuda en su pulso con las autoridades islámicas.