Un equipo de arqueólogos ha publicado un artículo científico tras el hallazgo de un hueso de paquidermo en el antiguo 'oppidum' de Corduba en la Colina de los Quemados El carpiano del animal ha aparecido junto a proyectiles de artillería, lo que sugiere la hipótesis de que fue usado como arma de guerra por las fuerzas cartaginesas La historia de Europa Occidental pudo cambiar de manera absoluta en varios lugares del sur de la Península Ibérica durante la antigüedad. Las tropas leales a Julio César estuvieron cerca de perecer de hambre durante una lluviosa primavera cordobesa en la que asediaban a la ciudad de Corduba, leal a Pompeyo. El asalto a Ategua y sus graneros repletos de trigo evitó el fracaso de César en una guerra que tenía casi ganada. Y el declive de la república romana, que marcó el futuro de Europa. Siglos antes, al sur de la Península Ibérica se disputó también el futuro de Europa, en el enfrentamiento entre Roma y Cartago en las famosas guerras púnicas. El triunfo de Roma sobre la otra gran potencia mediterránea aupó al pueblo itálico a coronar su dominio sobre gran parte de Europa, el norte de África y el oeste de Asia. Esta épica guerra tiene a uno de los militares más conocidos de la historia, Aníbal. Y a una de las grandes gestas de la humanidad, el traslado de un ejército de elefantes con los que intentó cruzar los Alpes e invadir la Península Itálica. En Córdoba, durante las obras de construcción de un búnker para los pacientes oncológicos del hospital provincial de Córdoba se excavó la zona. Los arqueólogos siempre han ubicado ahí, en la Colina de los Quemados, el oppidum de la Corduba prerromana, la antigua ciudad ibera junto al Guadalquivir. Durante la excavación, localizaron un hueso, que se identificó como de elefante. Junto a él, varios proyectiles de artillería. Las pruebas de radiocarbono descartaron que se tratase de un fósil y dataron el hueso de un animal que vivió y murió entre los siglos IV y III antes de Cristo. Justo en los siglos en los que se desarrollaron las dos guerras púnicas. Y sí, fueron los elefantes la gran arma de guerra que usaron los cartagineses para aterrorizar a los legionarios romanos. Las excavaciones documentaron una ocupación prolongada del enclave, desde la Edad del Bronce hasta época medieval, pero fue uno de los niveles correspondientes a la Edad del Hierro final el que deparó una sorpresa inesperada. Bajo el derrumbe de un muro de adobe apareció un pequeño hueso, pronto identificado como un carpiano perteneciente al miembro anterior derecho de un elefante. No estaba solo: el contexto incluía abundante material militar, como proyectiles de artillería de piedra, puntas metálicas disparadas por máquinas de torsión y monedas cartaginesas. Las dataciones por radiocarbono situaron el hueso entre los siglos IV y III antes de Cristo, descartando que se tratara de un fósil pleistoceno o de un resto introducido en época romana tardía. El elefante vivió y murió, por tanto, en un periodo que encaja plenamente con la presencia cartaginesa en el sur de la Península y con el desarrollo de las guerras púnicas. Un artículo científico con implicaciones históricas El hallazgo ha sido objeto de un exhaustivo estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports , una de las publicaciones internacionales de referencia en el ámbito de la arqueología científica. El artículo, titulado The elephant in the oppidum. Preliminary analysis of a carpal bone from a Punic context at the archaeological site of Colina de los Quemados (Córdoba, Spain) , está firmado por un equipo multidisciplinar formado por Rafael M. Martínez Sánchez, Agustín López Jiménez, Santiago Guillamón Dávila, Laura Llorente Rodríguez, Arturo Morales Muñiz, Antonio Moreno Rosa y Fernando Quesada Sanz. El trabajo combina análisis zooarqueológicos, estudios estratigráficos, contextualización histórica y revisión crítica de las fuentes clásicas. Los autores subrayan el carácter excepcional del hallazgo: en Europa occidental, los restos óseos de elefantes en contextos históricos son extremadamente raros. Más allá del marfil importado como materia prima de lujo desde el Neolítico final, apenas existen evidencias físicas de la presencia de estos animales en la Antigüedad. Cartagineses y Romanos Elefantes, artillería y guerra El valor del descubrimiento no reside únicamente en la identificación del hueso, sino en su asociación directa con un contexto militar. El carpiano apareció junto a munición de lithoboloi —grandes bolas de piedra lanzadas por catapultas— y proyectiles de scorpio , armas de torsión capaces de disparar virotes con gran precisión. Este tipo de artillería está bien documentado en escenarios de asedio y ataques cartagineses durante la Segunda Guerra Púnica. Las fuentes literarias relatan que Cartago empleó elefantes en numerosas campañas en Iberia, desde las expediciones iniciales de Amílcar Barca hasta las operaciones dirigidas por Aníbal y sus hermanos. Se trataba de animales africanos, capturados y entrenados para la guerra, cuya presencia tenía un fuerte impacto psicológico sobre tropas poco habituadas a combatir contra ellos. Hasta ahora, el uso de elefantes en Hispania estaba respaldado sobre todo por textos antiguos y representaciones iconográficas, como monedas y relieves. El hallazgo de Córdoba aporta, por primera vez, una evidencia osteológica directa que respalda esas narraciones. No demuestra de forma concluyente que el animal muriera en combate, pero sí que estuvo presente en un entorno bélico activo. Hipótesis abiertas y prudencia científica Los investigadores insisten en la necesidad de cautela. El hallazgo de un único hueso no implica necesariamente la presencia del esqueleto completo ni permite reconstruir con precisión las circunstancias de la muerte del animal. El carpiano pudo pertenecer a un elefante muerto por enfermedad, accidente o agotamiento, cuyos restos fueron posteriormente dispersados. También podría tratarse de un fragmento conservado como trofeo o curiosidad. Sin embargo, el contexto estratigráfico, la asociación con artillería y la datación radiocarbónica hacen que la hipótesis más sólida sea su relación con un episodio violento ocurrido en el marco de las operaciones cartaginesas en el valle del Guadalquivir. Los autores sugieren que el oppidum de Corduba pudo verse implicado en escaramuzas, asedios o movimientos de tropas que no quedaron reflejados en las fuentes escritas, tradicionalmente centradas en las grandes batallas. Más allá del elefante, el hallazgo refuerza una idea cada vez más presente en la investigación arqueológica: la Córdoba prerromana no fue un enclave periférico, sino un nodo relevante en las dinámicas políticas y militares del sur peninsular. La destrucción parcial del oppidum y su posterior abandono encajan con un periodo de inestabilidad que precedió a la fundación de la colonia romana y a la reorganización del territorio bajo dominio itálico. El pequeño hueso hallado bajo los muros derruidos de la Colina de los Quemados se convierte así en un testigo silencioso de uno de los conflictos más decisivos de la Antigüedad. No es uno de los elefantes legendarios que cruzaron los Alpes, pero sí un vestigio tangible de cómo las guerras púnicas dejaron su huella en Córdoba. Un fragmento mínimo que, más de dos mil años después, amplía el conocimiento sobre la guerra, la arqueología y el papel de Hispania en la historia del Mediterráneo.