El Herpes Zóster, conocido popularmente como "culebrilla", no es una enfermedad nueva que se contrae, sino un viejo conocido que reaparece. Según ha explicado el doctor Darío Fernández en el programa "Poniendo las calles" presentado por "el Pulpo" en la COPE, esta patología es el resultado de la reactivación del virus de la varicela, que permanece latente en el organismo durante décadas. Aunque suele tener un buen pronóstico, su aparición está estrechamente ligada a la edad y puede derivar en complicaciones severas si no se trata a tiempo. El mecanismo de acción de este virus es tan fascinante como inquietante. Tras superar la varicela en la infancia, el patógeno no desaparece; se retira y se aloja en el sistema nervioso. Allí permanece "dormido" hasta que, por causas que suelen vincularse a una bajada de defensas, decide reactivarse. El doctor Fernández detalla que el virus viaja a través de las terminaciones nerviosas hasta la epidermis. La manifestación más visual es una hilera de ampollas que suele aparecer entre las costillas, en un solo lado del tórax, imitando la forma de una serpiente, de ahí su nombre popular. Uno de los mayores desafíos del Herpes Zóster es su identificación temprana. A menudo, el paciente acude a consulta por una sensación de quemazón, picazón o dolor en la zona costal sin haber sufrido ningún golpe previo. Las vesículas o el sarpullido rojo característico pueden tardar varios días en brotar tras el inicio del dolor. "Cuanto antes se inicie el tratamiento, mejor pronóstico", asegura el especialista. El cuadro clínico puede acompañarse, aunque con menos frecuencia, de fiebre, dolor de cabeza y sensibilidad generalizada. Aunque cualquier persona que haya pasado la varicela es susceptible de sufrir un brote, el factor de riesgo determinante es la edad. A partir de los 50 o 55 años se produce un fenómeno conocido como inmunosenescencia: el envejecimiento natural de nuestro sistema defensivo. Además de la edad, existen otros perfiles de riesgo: pacientes oncológicos, personas con VIH, trasplantados o aquellos que siguen tratamientos con corticoides, ya que su sistema inmunitario se encuentra comprometido. La complicación más temida, y la razón principal por la que los médicos insisten en la prevención, es la neuralgia postherpética. Aunque la mayoría de los brotes se resuelven en unas semanas (las ampollas se secan en 7-10 días), el dolor puede persistir mucho después de que la piel haya sanado. Este dolor neuropático puede durar meses e incluso años, afectando drásticamente la calidad de vida y el sueño del paciente. Otras complicaciones menos frecuentes —por debajo del 15%— incluyen afectaciones oculares graves (queratitis, uveítis) si el brote se produce en la cara, o incluso encefalitis en casos muy raros. La buena noticia, según destaca el doctor Fernández, es que disponemos de herramientas preventivas eficaces. La vacunación contra el Herpes Zóster está indicada para mayores de 50 años y personas inmunodeprimidas mayores de 19. Pauta: Se administran dos dosis separadas por un intervalo de 2 a 6 meses. Efectividad: Reduce drásticamente el riesgo de desarrollar la enfermedad y, sobre todo, la neuralgia postherpética. Compatibilidad: Puede administrarse simultáneamente con otras vacunas, como la de la gripe, siempre que sea en lugares anatómicos distintos. El aumento de la esperanza de vida conlleva una mayor prevalencia de enfermedades asociadas al envejecimiento celular, como el Herpes Zóster. Las autoridades sanitarias y expertos como el doctor Fernández insisten en la vacunación (financiada por la Seguridad Social para grupos de riesgo específicos) como la estrategia clave para evitar no solo la infección, sino el dolor crónico asociado. Si usted es mayor de 50 años o ha notado un dolor inexplicable en un costado seguido de enrojecimiento, la recomendación es clara: acuda a su médico inmediatamente. El tiempo es el factor más crítico para frenar el avance de este "virus durmiente".