La cotización de bitcóin, la criptomoneda con mayor capitalización mundial, está en zona de altibajos pero mirando a un horizonte poco definido. Nadie es capaz por el momento de asegurar o confiar ciegamente en cuál será la evolución a corto plazo de este activo que hace ya algunos años ocupa un puesto relevante en la inversión. La cuestión es que entre tanta incertidumbre geopolítica, guerras y decisiones de política económica sorpresivas por parte del presidente de EEUU, Donald Trump, la inversión en bitcóin es tan especulativa como refugio, oxímoron inversor. Los expertos apuntan que la principal causa de esta indefinición en la tendencia hay que buscarla en la incertidumbre regulatoria que rodea a las criptomonedas. Cierto que se aprobó una regulación en Europa, la ley Mica, y que en EEUU funcionan los fondos de inversión en criptos y los bancos ya apuestan por ellas. Pero la definición más clara de la normativa puede tener consecuencias en el papel más o menos importante de las criptomonedas en el futuro y también en el futuro de los bancos, que van a tener que modificar los productos y servicios que ofrecen a sus clientes al ritmo de un mercado financiero más abierto.